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La dualidad

por Fabián Banga
La historia de Frankenstein, escrita por Mary Shelley en el siglo XIX, se ha representado en el cine decenas de veces desde el célebre film de James Whale en el siglo XX, a tal punto que la imagen cinematográfica acabó por ganar terreno en el imaginario colectivo en desmedro de la novela original. Esta recreación de la obra narrativa le dio el galardón de propiedad a la copia. Otro tanto ocurrió con Drácula y sus múltiples variantes cinematográficas. En su gran versión fílmica, Francis Coppola hizo de Drácula el amante perfecto de Mina, lo cual no había sido un aspecto central en la novela original de Bram Stoker. Pero a quién le importa Stoker ahora: Mina y Drácula hacen buena pareja y una vez más la copia le ganaba terreno al original.

De esta misma forma, la criatura de la historia de Frankenstein intentó superar a su creador al mismo tiempo que, en cierto modo, le fue fiel. Pensemos en esta paradoja: el doctor Frankenstein trató de copiar a su propio Creador, que según la Biblia lo hizo a su imagen y semejanza. Frankenstein le dará vida a una criatura a medias original, como él mismo. La suya no es una criatura que surge de la nada, sino que, por el contrario, tomará pedazos de cuerpos muertos que fueron abandonados y concebirá una criatura que tratará de asemejar a una forma humana. Ya conocemos su trágico final. Sin embargo, el fracaso del creador (Víctor Frankenstein) en producir una criatura que renazca desde los elementos muertos es, asimismo, un triunfo. Ha sido fiel a la Divinidad, a su propio Creador al producir un ser incompleto e imperfecto como él mismo. La criatura del doctor Frankenstein es un fracaso como resurrección, pero un triunfo como incompletud: una fragmentación que no logra concretarse en algo nuevo y perdurable. Porque ese fracaso es, al fin de cuentas, un éxito de fidelidad al Creador: la monstruosidad del producto en ambos casos (la del hombre y de la criatura) no reside en su propia existencia concreta, sino en el hecho de que lo verdaderamente perfecto es su propia imperfección. Por ello, si su finalidad misma es el fracaso, el paradigma de Frankenstein logra finalmente cerrar el círculo caótico con su propia muerte. La criatura es, en tal sentido, el colmo de este paradójico “fracaso exitoso”: ya ni siquiera es capaz de crear. Pero en cambio perdura como copia, borrando a su propio creador. Hoy en día cuando pensamos en Frankenstein, nadie alude al doctor que así se llamaba (el doctor Frankenstein), sino al monstruo, la criatura fragmentada. Yo quisiera pensar hoy en la imagen del monstruo de Frankenstein como una metáfora del cuerpo de nuestra Nación.

“Los argentinos descienden de los barcos” reza un viejo adagio. En efecto, nuestra Nación es fruto de una creación de imaginarios fragmentados traídos de distintos lugares por nuestros antepasados inmigrantes. Fragmentos que se entremezclan con nuestras raíces latinoamericanas, espacios que se superponen a nuestro dilatado sueño europeo documentado en la monolítica Buenos Aires. Lo que nos asemeja Frankenstein no reside tanto en la imposibilidad de unir los fragmentos de nuestra sociedad, sino al contrario, en la fidelidad que quizás tenemos hacia un imaginario de fracaso. “La Argentina está condenada al éxito” dijo el actual Presidente. Lo que omitió es que ese éxito, tal como están las cosas, consiste precisamente en fracasar, por ello es en realidad una “condena”, y no un destino. “La Argentina está condenada al éxito de su fracaso” debió decir. La literatura lo anticipó hace mucho, por ejemplo, en la recurrente fatalidad de la violencia como componente de ese mismo fracaso. La fundación literaria de nuestra Nación parte de textos como Facundo, de Sarmiento, y “El matadero”, de Echeverría, donde se propone una imagen de concreta fragmentación. El degüello del niño en “El matadero” es un punto de partida que anticipa la muerte del unitario. Pero también se conjuga con lo que le pasará al gaucho en el Facundo. Sarmiento escribe: “Esta inseguridad de la vida, que es habitual y permanente en las campañas, imprime, a mi parecer, en el carácter argentino, cierta resignación estoica para la muerte violenta, que hace de ella uno de los percances inseparables de la vida, una manera de morir como cualquiera otra, y puede, quizá, explicar en parte, la indiferencia con que dan y reciben la muerte, sin dejar en los que sobreviven, impresiones profundas y duraderas.” La violencia parece estar en el origen de nuestra propia identidad.

La pregunta de hoy, entonces, no consiste en averiguar de qué modo alcanzar el éxito conviviendo con estos imaginarios que nos acompañan por décadas, sino cómo hacer que dejen de ser exitosos en su proyección social. O, mejor dicho, como quebrar la idea del éxito del fracaso que siempre está ligada principalmente a ilusiones y delirios de grandeza que son abortados, para movernos en cambio en un presente de lo concreto, al alcance de nuestras posibilidades. Tal empresa requiere tal vez de cierta totalidad que nos proponga una meta conjunta, criticando espacios como los medios de comunicación y las clases dirigentes que saturan la audiencia con la idea del fracaso que todos nos habituamos a escuchar con aquellos presupuestos. La pregunta sería: ¿quién será capaz de desarmar el proyecto de vacua grandeza para presentar un proyecto realista, del aquí y del ahora, descontextualizado de aquella herencia histórica? ¿quien está dispuesto a comenzar a desmantelar ese monstruo de continuismo para terminar así con este círculo vicioso?

El mayor horror no radica en ver concretamente la realidad violenta que nos rodea, sino en saber que el futuro y el intento de detener el futuro, en las dos direcciones, nos acarrean actos violentos. La emigración de la Nación, como metáfora, en el fondo no reside quizás en un intento de escapar a la pobreza, sino en un ansia de escapar al agobio de perdurar en lo que nos condenamos a ser. Es decir, trata de escapar de la trayectoria prescrita en nuestra Nación. Eso implica también escapar de las dualidades, de los binarismos. Por ejemplo, de la oposición “civilización y barbarie” que fermenta en una constante irresolución sin posibilidad de escapatoria. Aquella frase “El año dos mil nos encontrará unidos o dominados”, en este contexto, no se transformó en un llamado de alerta ante posibles fracasos, sino en la predicción de la imposibilidad de salirnos de esta dualidad, sin espacios intermedios y generadores de nuevos horizontes.

Lugones y el espiritismo

por Fabián Banga
a Janie
Lucero, University of California at Berkeley, Berkeley, Volume 13, 2002.
Everba: Summer 2004

Se ha escrito mucho sobre la Argentina de fines del siglo XIX y la construcción de los imaginarios nacionales con fuerte contexto patriótico, europeo y cristiano. Pero lamentablemente muy poco se ha escrito de las propuestas alternativas y resistencia al discurso oficial en esta última mitad de siglo. Tanto la imagen de la Argentina propuesta por el Martín Fierro como por el Facundo, —partiendo de estos dos pilares de la literatura Argentina— si bien difieren en perspectivas y propuestas políticas, en el campo religioso concuerdan en similares creencias basadas en espacios netamente católicos. Tanto el estanciero europeizado y religioso presente en el Facundo, como el gaucho marginado por su propio gobierno, peregrino y fugitivo de la ley, en más de una oportunidad muestran una devoción netamente católica. Y de alguna forma, estos dos opuestos de la realidad Argentina que se multiplicarán en diferentes momentos de la historia, en diferentes contextos y situaciones, no pueden escapar a esta europeización religiosa que pareciera absorber toda la realidad nacional en el campo literario. Tanto el catolicismo, como el tema de la tradición, parecieran ser temas intocables en la tradición nacional Argentina. Un puñado de ejemplos amansan estas estructuras monolíticas desde una base establemente teórica. Ni siquiera la vanguardia de los 20s, con sus manifiestos anti-oficiales, se metieron directamente con el tema de la tradición o el catolicismo. El martinfierrismo es un ejemplo. Más allá de su propuesta basada en una nueva estética, no rompe con la tradición; muy por el contrario, intenta apropiarse de ésta. Alguna de las excepciones pueden verse en personajes como los de Los Lanzallamas, de Roberto Arlt. Pero estos se sustentan y justifican a si mismos siempre desde el marco de la marginalidad. Pero pese a esta polarización marcada, no quita que tales alternativas existieran y que se filtraran en textos literarios. Lo que es paradójico es que estos intentos de ruptura con la religión oficial, estas corrientes alternativas en muchos casos se nutrieran, como así se da el caso de la herencia católica, también de pensadores y movimientos europeos. Tal es el caso del espiritismo, tema que nos interesa tratar en este trabajo, y del cual intentaremos encontrar ecos de sus ideas en ejemplos concretos en la literatura nacional. Notaremos al final que la tensión entre estas dos posturas —una alternativa y otra oficial— nace de alguna forma por una profunda crisis existencial y por la falta de respuestas a ciertos temas existenciales por parte de la religión y la ciencia propuesta por el estado.

Los movimientos filosóficos de ruptura y critica del siglo XIX, llegaron a la Argentina y se expresaron no sólo en charlas, debates y conferencias públicas, sino que tuvieron claras huellas en la literatura nacional. Temas relacionados al vitalismo metafísico y el nihilismo no se hicieron esperar en la joven nación.

Encendió la luz, ganó la cama y abrió un libro.
Media hora después cerraba los ojos sobre estas palabras de Schopenhauer su maestro predilecto: “el fastidio de la noción del tiempo, la distracción la quita; luego, si la vida es tanto más feliz cuanto menos se la siente, lo mejor sería verse uno libre de ella.” (Sin Rumbo, Eugenio Cambaceres. p. 86)

Estas teorías se entremezclaron con ideas cientificistas que en la literatura se plasmaron en exponentes como Poe (1809-1875), quien en sus cuentos y poemas expresa una profunda crisis espiritual y existencial, reflejada en sus tópicos. En los cuentos de Poe encontramos en muchos casos teorías cientificistas, como la del magnetismo animal, que eran muy populares en la época y que aparece por ejemplo en “El caso del Señor Valdemar”, la historia de un hombre que después de haber muerto su alma se mantiene conectada a su cuerpo gracias a una especie de poder hipnótico. Lo interesante es ver que este conflicto existencial se superpone a otra preocupación de la época en Latinoamérica, la construcción de la nación y del ser nacional.

En la Argentina, por ejemplo, libros como el Facundo, El Matadero y Martín Fierro, tenían como tópico principal el tema de la patria y su gente. Estos tópicos nos sugieren una intencionalidad dirigida a delimitar el imaginario nacional ya sea en su espacio como en su gente. En estos tópicos encontramos individuos nacionales con una fuerte característica católica. La explicación de las características de estos individuos se sustentaba en teorías predominantes de la época, en muchos casos traídas de Europa. Un ejemplo lo vemos en Sarmiento, cuando en el Facundo explica las características del hombre de campo en relación con la tierra, mostrando una influencia evidente de Rosseau (1712-1778) y su teoría del hombre natural.

Pero este imaginario de nación como, tomando el caso del catolicismo, tuvo claros opuestos alternativos. Muchas de estas propuestas promulgadas por grupos concretos contaban con una organización y estructura sistemática, con un método preciso que, con intenciones científicas, buscaba una respuesta a fenómenos presentes en la realidad humana, fenómenos que no eran explicados por las ciencias convencionales, o simplemente, no eran ni siquiera objeto de estudio. Este es el caso del espiritismo y la teosofía.

Según Cosme Mariño, el espiritismo llega a la Argentina entre el año 1869 y 1870 de la mano de un español, Don Justo de Espada, oriundo de Málaga (Mariño, p.8). Mariño le atribuye a Don Justo un profundo espíritu científico y voluntad de hacer estudios sobre temas basados en hechos empíricos e investigaciones metódicas. Cuenta que en sus comienzos, las sesiones que tenían como fin comunicarse con los espíritus tenían resultados triviales. Pero poco a poco, de una forma organizada, se fueron creando centros que tenían como fin promover la doctrina espiritista y promover el estudio de estas ideas con la ayuda de personas preparadas para hacerlo. Estos primeros espiritistas, según Mariño, eran fervientes lectores de la obra de Allan Kardec, el pensador espiritista francés que por lo que podemos ver, fue la corriente que influencio al espiritismo en la Argentina. Los integrantes de las filas del espiritismo, según Mariño, eran personas educadas que planteaban ideas debatían con otros personajes de la jerga intelectual argentina de aquellos tiempos. En su libro sobre el espiritismo en la argentina Mariño describe detalladamente una sucesión de debates que se realizaron en los periódicos de la época entre diferentes intelectuales, algunos a favor del espiritismo y otros en contra de éste.

Según sabemos, la doctrina espiritista tomo mucho auge en sus comienzos. En aquellos tiempos, sus simpatizantes se preocupaban de mostrar que sus doctrina no era una simple creencia sino que estaba basada en hechos científicos. Para el año 1885, según Mariño, ya había 8 centros en la Capital Federal, 5 centros en la provincia de Buenos Aires y 8 en el resto del país (Mariño, p.100). Hay un hecho descrito por Mariño que nos resulta de singular interés ya que refiere a un acalorado debate entre el ingeniero Rafael Hernández y Alejo Payret, quien era profesor de Cursos Libres del Colegio Nacional. El presidente Roca, enterado de los acalorados debates que se venían llevando en revistas y diarios de la época, tales como los diarios El Sud América, La Crónica y El Orden, le pidió a Payret que diera una conferencia sobre el tema para enterarse qué había de verdad en todas estas creencias. La conferencia se realizó y a tal asistió Mariño y Hernández. En respuesta a ésta el ingeniero Hernández propuso responderle en otra conferencia que se terminó realizando en el teatro de la ópera el 30 de octubre de 1885. La conferencia se basó en explicar las características que sustentaban al espiritismo y por otro lado, se articuló una respuesta a la teoría materialista reinante en la época, que pareciera era la línea a la que adhería Alejo Payret y sus jóvenes seguidores del club El Progreso.

Estos movimientos en muchos casos venían a proponer una alternativa espiritual a problemas que las religiones oficiales no podían resolver. Esto se vio muy profundamente en la crisis existencial frente a las pérdidas humanas en tiempos de guerra. De ahí que se acepte incluso en escritores espiritistas, que una de los grandes motivos por los cuales estas ideas cobraron gran popularidad fue por la pérdida de seres queridos en tiempos de postguerra.

Muchos de estos movimientos tuvieron influencia en escritores como Poe y Baudelaire, quienes a su vez influenciaron a muchos a escritores latinoamericanos de fines del siglo XIX y principios del XX, entre ellos Lugones. El aporte que dará este movimiento al área de las letras será, entre otras cosas, los temas en relación a lo suprarracional. El tema de lo fantástico no representará solamente un espacio estético desde el cual se crea un mundo distinto al real. El tema de lo fantástico —como así también se ve en el simbolismo— representa una crisis de representación de la idea. Estamos frente a una poética que se mueve en los límites del lenguaje (Ramos p.19). En caso de la literatura, el lector juega un papel activo al negociar con el escritor un espacio verosímil que se crea por ejemplo en el cuento fantástico. Sin esta negociación el cuento se plantea imposible. Pero esto no es nuevo; lo nuevo está en la posibilidad de negociar un espacio de verosimilitud que se aleja de los parámetros de lo aceptado como realidad empírica y que tenga algún sustento en teorías que eran debatidas en el momento histórico en que se escribió el cuento. Para crear esta estética se tomaban ideas de diferentes espacios. Un ejemplo de esto lo veremos en Lugones, donde encontramos teorías como las de involución propuestas por Blavatsky, la famosa medium ruso-americana.

Un ejemplo concreto de la teoría de involución lo vemos en el cuento “Yzur”. El cuento relata la historia de una persona que intenta hacer hablar a un mono, intento que no produce ningún resultado hasta el final cuando el simio articula “—AMO, AGUA, AMO, MI AMO…” En este cuento se trata la:

posibilidad de recuperación del lenguaje articulado de los simios. La teoría de base es la regresiva que, a diferencia de la evolutiva o progresiva que supone que el hombre es un antropoide perfeccionado, sos¬tiene que el mono es un hombre involucionado. Lugones halló pie para ello en la teosofía. Helena Blavatsky, en su Glosario teosófico escribe: “Opuestamente a lo que afir¬man los naturalistas modernos, el hombre no desciende del mono o de algún antropoide de la presente especie animal, sino que el mono es un hombre degenerado.” Si es así, el mono tiene la posibilidad del habla aletargada y el conveniente ejercicio podría desarrollarla. (Barcia, p.34).

Propondremos también que esta idea presente en el cuento de Lugones, se sustenta en otra idea teosófica la de que el hombre no es ninguna creación especial de la divinidad, muy por el contrario, es tan sólo otro elemento cosmogónico más. Lugones era un adepto a la teosofía y estaba bien consciente de que sus ideas serían contradictorias en tiempos en que el materialismo estaba en pleno auge. Por otro lado vemos su confusión y necesidad de respuesta frente a diferentes interrogantes. Lugones incluye nuevamente estas ideas teosóficas y espiritistas en cuentos como “la fuerza Omega”, “La metamúsica” y “psychon”. Estos cuentos fantásticos de Lugones se ubican entre la teoría materialista y las ideas alternativas, e introducen estos temas alternativos con mayor interés que otros grandes cuentistas del momento, como pueden ser Jack London, H.G. Wells o Robert Duncan Milnes. (Barcia, p.31)

Esta dualidad entre la materia y el espíritu, entre el materialismo y el espiritismo se hace presente en el cuento “Lluvia de fuego”, el cual lleva el subtítulo “evocación de un descarnado de Gomorra”, en referencia al espíritu de un habitante de la ciudad bíblica. No sólo existe en el cuento el evidente tema del espiritismo —ya que él que narra es un espíritu— sino que el cuento nos muestra algo más: contraste evidente entre la realidad del cielo inmutable, y el de la tierra en constante caos (Barcia, p.36).

Hay otro elemento relacionado íntimamente con el espiritismo en este cuento que es el poder de la voz del difunto que se comunica con los vivos mientras que éstos toman nota de los mensajes de ultratumba. Muchos libros o compendios espiritistas cuentan con esta metodología: la del médium “escribiente” tomando nota de la voz escuchada en muchos caso solamente por él. El poder de la voz en este caso se hace explícito al literalmente “descarnar” al hablante y justificar su existencia en la voz misma. Como en las ideas de Lacan sobre la palabra y en la interpretación del síntoma en la palabra misma. En este contexto la existencia del interlocutor está justificada en el propio sonido de la voz, y no en la presencia física del interlocutor. El que atestigua de tal existencia en el ejercicio meduínico es el propio médium. Es interesante ver el paralelo que hay entre este acto de escribir las palabras de un espíritu —llegando a hacer un libro de esta “conversación” con un espíritu—, y el acto del escritor escribiendo su cuento, transcribiendo las palabras de su personaje. Este paralelo en el cuento de Lugones se hace doblemente explícito al ser el mismo personaje un espíritu, y siendo éste el único narrador.

Esta voz en el cuento de Lugones narra un pasado apocalíptico, un juego temporal ya que no hay una enseñanza en miras al futuro, en miras a un Apocalipsis en los finales de los tiempos. La catástrofe es en un pasado fuera de la historia, un pasado bíblico. El cielo castiga a los sodomitas con una fuerza apocalíptica. En la tierra el narrador en primera persona vive esta dualidad, llega al final de sus días dedicado al culto de la lectura y de la comida. La dualidad no es sólo materia y espíritu, sino que la dualidad es materia y arte representada por la misma literatura. Pero quizás aun más importante es el fatalismo del mundo Luganiano en este cuento. El narrador intenta explicar la realidad del mundo que lo supera por lo caótico y apocalíptico y en este intento produce arte al ser el mismo, mejor dicho su voz, el cuerpo literario del cuento. Su arte es la lectura y la comida. Pero una aerolito incandescente hiere a uno de sus sirvientes, hecho que le quita el apetito. Intenta explicarlo por medios científicos, datos históricos, pero el mundo empírico no puede ser explicado ya que no hay antecedentes:

Sin ser grande mi erudición científica, sabia que nadie mencionó jamás esa lluvia de cobre incandescente. ¡Lluvia de cobre! En el aire no hay minas de cobre
(de la edición de Barcia, p.146)

No sólo no es posible explicarlo por medio de los conocimientos, sino que el progreso de la máquina —en la imagen de la ciudad y los vehículos— no son suficientes para detener el fin apocalíptico. Hay un intento de entender el caos, hay un intento de control, pero no se logra entender. La única salida es el suicidio:

Llevé el pomo a mis labios, y…
(de la edición de Barcia, p.155)

Estamos frente a un final terminal no sólo en lo literal, —ya que el pomo contenía veneno— sino en lo desesperado de un final sin lo heroico de enfrentar la muerte. No estamos frente a la imagen de un superhombre de Nietzsche sino de un personaje que no propone ningún final, un personaje que se disuelve. Este es un personaje sin respuesta frente a la superación del escenario conflictivo que se disuelve. Ni siquiera encuentra un final psicótico, que en términos clínicos sería una alternativa frente a la disolución del Yo que está sobrepasado por los hechos reales. Este personaje narrador aniquila su propio Yo verbal, se termina la voz y con ella su propia existencia.

Estamos evidentemente frente a una profunda crisis de este ser que de alguna manera dialoga con el ser nacional de tiempos de Lugones. Es ésta una crisis entre una necesidad de interpretación del mundo por medios científicos y, al mismo tiempo, la importancia de la subjetividad personal frente a este mundo, una subjetividad impregnada de creencias y de angustias frente al cambio. En esta crisis propuesta en el cuento por Lugones afloran también otros dos aspectos que señala García Ramos en referencia a los cuentos de Lugones, que son nuevas esperanzas surgidas en el área del progreso y consciencia crítica en torno al saber humano. Por un lado la esperanza en el progreso está presente en la máquina —recordemos la ciudad bíblica en el cuento—. Pero Lugones es pesimista frente a esta esperanza. La máquina, la modernidad y la tecnología no son una salida; en esto se asemeja Lugones a Arlt. Algo muy distinto a esto veremos un poco más adelante en la literatura argentina con la poesía de Oliverio Girondo y sus 20 poemas para ser leídos en un tranvía, en donde Girondo propondrá una creación de un nuevo objeto estético no natural, que entrará en diálogo con movimientos estéticos como el cubismo, abandonando los subjetivo del romanticismo y poniendo el énfasis en lo visual y por otro lado con el futurismo en la exaltación de la máquina. Pero este momento de Lugones es otro, un momento anterior y en su caso, profundamente nihilista. Volviendo a García Ramos, notamos que también aparecen características referidas a una consciencia crítica en torno al saber humano. Muy evidente se presenta esto en lo que ya dijimos de la imposibilidad de explicar el mundo. Por un lado, la ciencia no puede responder a todas las preguntas del hombre y por otro lado, no puede responder las preguntas existenciales.

A modo de conclusión, podríamos decir que movimientos como el espiritismo y la teosofía, presentes en la obra de Lugones, eran fruto de la gran crisis reinante a fines del siglo XIX. Eran estos movimientos científico-religiosos grupos que intentaban responder a preguntas existenciales de la época. Pero bien sabemos que a fines del siglo XIX había otra gran preocupación en países como la Argentina. La construcción del ser nacional y el imaginario de la nación eran una preocupación que nos llega desde los escritos de Sarmiento y Echeverría, entre otros. Ésta era una nación joven, que sólo hacía algunos decenios comenzaba a considerarse una verdadera república. Los diarios de la época anunciaban en Buenos Aires abundantes conferencias y debates de todo tipo, tal es el caso de la conferencia de Hernández, publicada en las pagina de La Prensa el 31 de octubre de 1885. Ojeando los diarios de la época pudimos comprobar que conferencias de este tipo eran muy comunes y que su audiencia era bien numerosa en mucho de sus casos. Esto nos habla de una preocupación de conocimiento, una preocupación que se refleja hasta en sus gobernantes; tal es el caso de la sugerencia de Roca a Alejo Payret de informarle de cuánto había de realidad en estas ideas del espiritismo y su agrupaciones sistemáticamente organizadas. Por ejemplo, la asociación “Constancia”, que era una agrupación espiritista, contaba con una entidad bien organizada, con una imprenta y hasta instalaciones propias. En el discurso que se puede leer de los escritos producidos por estas instituciones, notamos una asociación constante con el progreso y la modernidad, rechazando las ideas materialista por considerárselas conservadoras. Estas instituciones si bien proponían otra visión al aporte del imaginario de nación aportaban una alternativa al conflicto que afectaba a todos por igual: la tensión entre el individuo subjetivo, el progreso enmarcado en los campos de la ciencia y la crisis existencial del hombre.

Esto nos lleva también a re pensar los imaginarios de identidad y notar cómo estos movimientos prácticamente desconocidos no sólo fueron importantes en la construcción de la nación, sino que modelaron con su influencia de ideas a importantes escritores de la literatura nacional. ¿No es el caso de Arlt? Desde su primer escrito publicado, Ensayo sobre ciencias ocultas de la ciudad de Buenos Aires. También este tema esta presente en Los Lanzallamas (1931) en las palabras del Astrólogo —en muchos casos directamente refiriéndose a Blavatsky—, el Iluminado y sus ideas de la reencarnación. Esto nos plantea otros espacios, que si bien pueden llegar a ser marginados por la cantidad de trabajo que se le ha dedicado, cumplen un papel fundamental en la construcción de los imaginarios nacionales, al superponerse a momentos e ideas en pleno auge en su momento.

Bibliografía

Blavatsky, Helena Petrovna. Compendio de la Doctrina Secreta; edición de Elizabeth Preston y Christmas Humphreys. Buenos Aires: Federación Teosófica Interamericana, 1973.

Cambacéres, Eugenio. Sin rumbo, Eugenio Cambaceres; edición de Claude Cymerman. Madrid: Cátedra, c1999.

Conil Paz, Alberto A.. Leopoldo Lugones /, Alberto A. Conil Paz editor. Buenos Aires : Librería Huemul, [1985]

Kardec, Allan. El libro de los espíritus : selección y comentarios de la obra de Allan Kardec, Santiago A. Bossero. Buenos Aires : Editorial Víctor Hugo, c1963

Lugones, Leopoldo. Cuentos fantásticos, edición, introducción y notas de Pedro Luis Barcia. Madrid: Castalia, c1987.

Lugones, Leopoldo. Las fuerzas extrañas, edición de Arturo García Ramos. Madrid: Cátedra, c1996.

Mariño, Cosme. El espiritismo en la Argentina /, Cosme Mariño. [Nueva ed.] Buenos Aires : Editorial Constancia, 1963

Maroney, Tim. The book of dzyan. Oakland, Miskatonic University Archive, 2000

Podmore, Frank. Mediums of the 19th century. New Hyde Park, N.Y., University Books [1963] 2 v.

Santamaría [et al.] Ocultismo y espiritismo en la Argentina. Buenos Aires: Centro Editor de América Latina, c1992.

Entre el futuro y el presente

Por Fabián Banga

El imaginar el futuro, es de alguna forma, un intento de apropiación de algo que aun es inexistente. El pensar el futuro es una proyección de dos puntos en la historia: uno que es invariable y acompaña permanentemente nuestra existencia ?que es el presente?; y un punto imaginario absolutamente impreciso que está en un tiempo que aun no se ha concretado. Me da la impresión de que el demasiado énfasis en este punto imaginario, puede convertir a este destino en una imposibilidad; lo fragmenta de un proyecto que una este punto futuro con el presente. En otras palabras, por el desmedido deseo de llegar a este punto, se olvida la línea que une a este punto con el presente. Si a esta ecuación se le agrega una necesidad imperiosa de llegar a este destino por razones de necesidades básicas, el producto es una formula nefasta. El resultado de este desmedido deseo produce un deterioro progresivo que se acrecienta a medida que este deseo se incrementa. Cuanto más necesidad hay de visualizar este punto futuro, más inalcanzable se presenta ya que no hay una forma de lograrlo, no hay un proyecto de como alcanzarlo. El resultado es la inmovilidad absoluta y el desesperar permanente. Yo creo que ésta es la realidad que está viviendo la Argentina. Es tanta la necesidad de salir de la realidad agobiante que no hay espacio o energía para crear un camino que nos conduzca a este futuro.

Más allá del contexto caótico que esta situación genera, hay que entender que los resultados son ?y eran? absolutamente predecibles. Hace ya mucho tiempo que se está hablando del poder de la imagen, del mercado como motivador y estimulador del consumo masivo. El comportamiento social, motivado por los medios masivos de comunicación, llevan a concentrar el concepto de lo “real” en una simple imagen. Esta imagen poco informa de cómo llegar a este estado, sólo nos muestra la meta. Una persona que ve por televisión que lo más “real”, lo más aceptable o interesante socialmente para la mayoría del sistema es tal o cual objeto o producto, tal o cual partido, tal o cual realidad, no cuenta con los medios de como llegar a este producto, tan sólo lo desea tener. Hablar con tal o cual teléfono celular, tener tal o cual auto, ser como tal o cual cultura, será la meta, el camino a llegar será irrelevante. Este ejemplo se puede aplicar a los países también. La incondicional afiliación a la línea neoliberal o capitalista como una realidad indispensable para llegar al imaginario del primer mundo, no se sustenta por si sola al por ejemplo darnos cuenta que los países del primer mundo están bien lejos ?con incontables ejemplos que sustentan esta afirmación? de la retórica netamente neoliberal y de libertad del mercado. El mejor ejemplo es la política proteccionista de los Estados Unidos, se propone una cosa para el mundo pero se aplica otra muy diferente para la realidad propia. Por otro lado, una Argentina en el primer mundo por muchos años fue tener un peso fuerte, pero no algo que sustente este peso, por ejemplo una fuerte industria. La finalidad era el centro de deseo, no la forma de llegar a éste.

Pero dentro de esta crisis aguda que vive nuestra nación y el mundo en general, no hay que negar las excepciones. Para poner el énfasis en lo netamente local, el famoso club del trueque es en mi opinión ?sin quitar el respeto que uno tiene que tener por el sufrimiento y agotamiento de todo tipo que está sufriendo nuestro pueblo? un mecanismo de defensa que va en contra de la imagen ya agotada presentada por el mercado y los espacios de poder. Es un mecanismo que va en contra de la moda, en contra de lo neoliberal y global, va en contra de lo corporativo y entrega nuevamente el poder del mercado a la gente. Cuando hace unos días en este mismo diario se hablaba del club del trueque, se utilizaba una palabra en contexto que considero fundamental: “confianza”, eslabón fundamental que sustenta al mercantilismo y que el neoliberalismo ha olvidado. La confianza de que uno va a producir algo y lo va a comercializar con otro que confía en esta producción. El mercantilismo existe desde la base de la confianza entre los individuos. El neoliberalismo por lo contrario basa su confianza no en el individuo, sino en el mercado. La gente al perder la confianza en el mercado, vuelve a poner su confianza en si misma y de alguna forma vuelve a sus orígenes. En este contexto el club del trueque quizás sea el mejor ejemplo de que no todo está perdido en la Argentina, el enfatizar en el camino inmediato y no en la finalidad absoluta. Es interesante que en teoría, el mercado, el estado y el aparato político están excluidos de este intento de liberación económica. Es interesante pero no sorprendente. Desde hace ya años nuestros dirigentes están desconectados de la realidad que vive gente. Nuevamente como ya se ha visto en el pasado, cuando los políticos se dieron cuenta de que algo nuevo se gestaba, la gente ya se había ido.

D’Annunzio y los casos contemporáneos.

Por Fabián Banga

D’Annunzio, el gran poeta italiano de fines del siglo XIX influenció con su trabajo a la mayoría de sus compatriotas escritores de siglo XX. Es uno de esos hombres de letras que marcan un precedente, un momento de partida. Son figuras que influencian a nuevas generaciones que a su vez, influencian a otros escritores. Por ejemplo la influencia de D’Annunzio en Marinetti es evidente, como así es también evidente que Marinetti como parte del futurismo italiano influenció a escritores latinoamericanos como podrían ser Huidobro o Girondo, exponentes claves de la vanguardia latinoamericana. Así como D’Annunzio influenció a estos otros escritores, el fue muy influenciado por Nietzsche, el gran filósofo Alemán. Pero lo interesante de todo esto es que D’Annunzio no había leído mucho de Nietzsche; es más, se comenta que la mayoría de lo que sabía de Nietzsche era por algún intermediario que escribía sobre el filósofo o simplemente por comentarios directos de amigos. Pareciera ser que muy poco había leído del filósofo en traducciones, D’Annunzio por lo que sabemos no leía alemán y las traducciones de las obras de Nietzsche al italiano se hicieron esperar hasta ya entrado el siglo XX. Esto no quita que el poeta no fuera un hombre muy interesado por las nuevas teorías, y que estuviera atento de lo que llegaba de la Europa central a Italia. Tal es el caso de su interés en la teoría del filósofo alemán.

¿Pero no es interesante esta construcción de un poeta que basa significativamente el trabajo de su obra en una persona que nunca ha leído o conocido directamente? Sí y no. Sí porque la construcción de imaginarios, de teorías que son variantes de teorías originales, llegan a influenciar movimientos enteros, inspiran escritores, marcan los destinos de un pueblo. De ahí que las teorías de Nietzsche y otras variantes de teorías nihilistas, de énfasis en la fuerza de voluntad y conceptos relacionados con la idea del superhombre, nutrirán luego movimientos como el nazismo y el fascismo en sus diferentes formas. Por otro lado estas mutaciones y variantes están presentes a lo largo de la historia en general. De alguna forma, la realidad argentina de la década del noventa está saturada de ideas que son variantes de teorías significativamente diferentes a las presentes en el imaginario nacional. El caso más claro, corrientes políticas o actitudes de neto corte neoliberal que eran asociadas con lo moderno y con el progreso. Por ejemplo, a mediados de los noventa en la argentina se efectúo un significativo corte de aportes a las ciencias con excepción de proyectos que involucraran técnicas relacionadas con la biotecnología. En nuestro país, el tema de la biotecnología propone una inmediata relación con el agro, el campo argentino y el uso de semillas manipuladas biotecnologicamente por las grandes corporaciones presentes en el territorio nacional, específicamente en la zona pampeana. Estas corporaciones presentan un peligro tremendo para el pequeño chacarero, que no puede competir con los grandes productores. De esta forma la desaparición del pequeño productor no viene por el uso de la biotecnología sino por el contexto teórico que se utiliza, por la forma de producción y el énfasis en la productividad del mercado por sobre la calidad social de la región, típico del neoliberalismo. Otra variante fue la sudodolarización de la economía argentina, otra variante mutada del proyecto neoliberal. Pero la incorporación de estas teorías en nuestra sociedad evidentemente no fueron analizadas de primera mano, no se corroboraron sus posibilidades y no fueron fruto del intento de implementar una movida ya sea política o económica que sea una respuesta a la necesidad de nuestro pueblo.

De ahí que la historia se repite y el aplicar imaginarios que no se entendieron llevaron a un desastre mayúsculo en nuestra sociedad. Desastre que evidentemente nos llega por nuestra propia imposibilidad de crear soluciones netamente personales y que sean aplicadas a nuestro pueblo y que nazcan de nuestro pueblo. Pareciera que aún continuamos luchando a manotazos para encontrar este destino personal, sin la ayuda de varitas mágicas del FMI. La otra posibilidad, muy siniestra y quizás no tan alocada, es que este descalabro nacional es el fruto de un programa que funcionó perfectamente, que se entendió hasta en los detalles y se aplicó a nuestro pueblo sin importar las consecuencias. De ser así, el grado de complicidad que tuvo que haber tenido de parte de nosotros mismo es espeluznante. Escapa esta posibilidad a cualquier espacio decadente, y ejemplos como éste no encuentran precedentes ni en la más sangrienta novela gótica del siglo XIX.

Las historias contadas

Por Fabián Banga

Todos conocemos las historias del conde Dracula, seguro. Las conocemos tan bien que si algún día nos contaran algunos pasajes de la primera leyenda, nos daríamos cuenta que de la historia original sabemos muy poco. Este fenómeno no es exclusivo de la leyenda del señor de los vampiros, la historia del gran “nosferatu”, como se le llama en alemán y que Murnav llevó a la pantalla grande en blanco y negro hace ya casi un siglo. Este fenómeno de mutación de la historia original, se puede ver en montones de narrativas y siempre el factor fundamental se basa en quien está generando la historia. Tomemos el ejemplo de Rosas. Algunos nos contarán que fue un tirano partiendo de obras del orden literario, como podría ser el Facundo de Sarmiento. Otros nos dirán que Rosas fue el gran patriota y liberador, partiendo por ejemplo del Martín Fierro. Nos movemos intencionalmente en estas ideas siempre en el campo literario y no histórico, porque quizás de literatura es de lo que queremos hablar hoy y no de historia. Presumo que siempre las historias contadas refieren a una realidad original que no es ni blanca ni negra, es gris, es en un espacio con muchas facetas y contradicciones. Así como la vida de cada individuo tiene múltiples facetas.

Volviendo a Dracula, existe una obra en particular que es de gran belleza. Fue escrita a fines del siglo XIX, la novela del Inglés Bram Stoker, “Dracula” que Copola llevó a la pantalla grande con el titulo de “Bram Stoker’s Dracula”. Los trabajos de Stoker y Copola toman ideas del personaje histórico que dio origen a la leyenda de Dracula, Vlad epce, que a mediados del siglo XV en Rumania defendió a su gente y a la Iglesia del avance de los turcos que habían tomado Constantinopla. Vlad epce significa en rumano algo así como Vlad el “atravesador o empalador”, porque peleó con tal fiereza que mataba a sus enemigos atravesándolos con lanzas y dejándolos suspendidos en el aire para aterrorizar a las tropas adversarias. Se ha escrito también sobre leyendas que lo presentan a Vlad como un hombre terrible, malvado y horrendamente sádico. Por otro lado, también algunos lo defienden como un hombre profundamente patriota y justo. Vlad epce nació en el año 1431 en una familia noble y militar. Su padre era parte de la Orden del Dragón, creada por el emperador Sigismundo y su reina Barbara Cilli con la finalidad de dar protección a la corona. Esta orden fue conocida como “Drachenordens” en alemán y “Societatis draconistrarum” en latín. Su padre en la orden tenia el apodo de “Dracul” que viene del latín “draco”, y significa “el dragón”. De ahí que su hijo Vlad, tomará luego el nombre de “Dracula” que significa, “hijo del Dragón”. Si se quisiera ahondar más en la parte histórica de Dracula, siempre es recomendable investigar en los escritos de Elizabeth Miller, profesora de ingles del Memorial University of Newfoundland, quien ha producido muchos trabajos de excelente calidad sobre este tópico.

Pero más allá de la historia, en la película y en la novela se rescata esa tragedia fruto de un final desafortunado entre Dracula y la Iglesia. En la Película, la esposa de Dracula, Elizabeta, se suicida al recibir una falsa noticia de que su esposo había muerto en batalla. Frente a este incidente la Iglesia condena a Elizabeta frente al pecado del suicidio negándole el cielo. Dracula enfurecido frente al dolor de la situación blasfema contra la Cruz y se condena a las tinieblas eternas asegurando que se levantará de la tumba y con todo el poder de los infiernos pregonara por el espíritu de Elizabeta.

Da pena pobre príncipe Dracula, (porque era príncipe y no simple conde de cuarta) si es que sí defendió a su gente y a la Iglesia con tal fervor. Y mire usted lector, que uno tenga que llegar desde la tantas veces mediocre pantalla de Hollywood, a enterarse de la verdad, siempre verdad a medias. Nos estará quizás mirando desde los cielos el príncipe, riéndose de nosotros, tomando mate con algún angelito. Porque seguro que algún argentino allí llego, e introdujo el famoso rito sagrado de los verdes y se sintió solidario con el tal príncipe. No sabría opinar que es más horroroso en algunos casos, el no saber la verdadera historia o saber la historia que se nos cuenta repleta de falsedades. Sea ésta la historia que sea. ¿Qué será de las tantas historias sin contar? ¿Qué de aquellos que defienden una causa noble, en silencio y nadie los recuerda? Como los que defenderán nuestra gente hoy en día, desde su lugar de trabajo. Siempre recuerdo que mi madre decía que debería hacérsele un gran monumento al militante, sin nombre, el militante que en silencio pregona por un ideal de bien común, sin importar sus tendencias. Es que esas son las historias que nadie recuerda, que nadie conoce. Las que sí empalagosamente recordamos son la de los payasos en traje y corbata, y la de aquellos que reiterativamente insisten en agregar a sus nombres títulos de licenciado, doctores, profesores o posición de algún tipo, como si eso justificaría alguna autoridad o conocimiento.

Uno siempre tiene la posibilidad de expandir las historias o lecturas que uno encuentra con el tiempo. Tiene la posibilidad de releerlas y de alguna forma reescribirlas. Es por eso que siempre preferí la literatura en lugar de la historia. Y hoy yo opto por imaginar al joven príncipe de la Orden del Dragón, junto a su esposa Elizabeta, entrando con sus legiones a Buenos Aires, cubierto con la armadura de la verdad y la espada de lo que auténticamente somos; y arrasando con la mediocridad de la copia de proyectos norteamericanos por falta de autenticidad y decisión; arrasando con la idea de superioridad y discriminación hacia la gente por su sexo, religión o clase social; arrasando con las politiquerías vende patrias que olvidan cuales son sus verdaderas funciones; arrasando con el camino rápido de la moda económica y venta de la salud, la investigación, las casas de estudios; arrasando con el arrodillarse frente al proyecto neoliberal. Me los imagino arrasando todo, como si arrasaran una supuesta historia falsa, del pobre príncipe que hoy llamamos Dracula, vampiro o nosferatu.

Globalización o “globalization”

por Fabián Banga
La globalización es un tema actual, se encara desde la academia, desde las teorías de mercado, desde todos los integrantes sea cual sea su nivel social, origen racial, cultural o religioso. Nos afecta cotidianamente cuando compramos un kilo de pan, cuando tenemos que comprar un libro en el internet, cuando vemos las noticias diarias, cuando tenemos que llenar el tanque (si es que podemos). Y más aun, afecta directamente nuestros recursos naturales, cuanto tendremos que pagar de interés en nuestra tarjeta de crédito, con que ritmo nuestros ahorros en el banco (nuevamente, si es que los tenemos) se incrementarán o devaluarán.

La globalización es un tema que nos afecta a todos, y paradójicamente, muy pocos comprendemos sus características o tenemos control de como ésta se perfilará en el futuro que es ya un presente. Ok, tampoco quiero desmerecer el poder de la voz y movilización popular, que en situaciones como las de Canadá hace unos días, mostraron cuan equivocados están aquellos que pensaron que la gente no puede hacer escuchar su voz en las grandes decisiones. Pero a grandes rasgos tenemos que entender que los procesos de globalización, de la mano de las grandes corporaciones transnacionales, son casi una realidad inevitable. El dar marcha atrás a este proceso es poco más o menos una imposibilidad. Pero no quita esto que se esté luchando por los derechos de los pueblos y en la construcción de un imaginario más sustentable. Esta lucha se ve desde todos los sectores, entre ellos gremiales, intelectuales, y hasta también desde el mundo de los negocios. Es decir, globalización = modernidad y futuro, no es lo que muchos imaginan como una premisa valida. Por ejemplo, grandes intelectuales de todo el mundo están analizando este tema. Federic Jameson, profesor y chair del programa de Literatura en la universidad de Duke, quien es uno de los más grandes analistas de temas postmodernos, es un ejemplo. Otros podrían ser Walter Mignolo, también profesor en Duke University. Noam Chomsky, quizás uno de los más importantes lingüistas de nuestros tiempos, profesor del MIT (Massachusetts Institute of Technology) también es un gran dedicado y activista en este tema. El gran sociólogo francés Alain Touraine es también un activista y pensador de este tema. El premio novel de economía Amartya Sen, es también uno de ellos. Es decir, aquellos que nos quieran vender que la globalización es el nirvana, no solo nos ofenden tratándonos de no pensantes, sino que proponen una afirmación un poco traída de los pelos, sin entender que la globalización tiene sus inconvenientes y sus beneficios. A la globalización hay que tratarla de una forma sustentable para así no pagar las caras consecuencias que puede acarrear un proyecto globalizante que no vela por la seguridad de los más desamparados.

La historia como siempre nos enseña sobre este tema. La globalización no es un tema nuevo, no es algo que comienza con un tratado geopolítico. La globalización es un proyecto bien conocido que se presenta desde hace ya muchos siglos. Por ejemplo, Walter Mignolo en su articulo Globalization, Civilization Process, and the Relocation of Languages and Culture (Globalización, proceso de civilización, y la re-ubicación de la lengua y la cultura) analiza este tema tomando también ideas de otro pensador, Norbert Elias. Habla Mignolo de la idea de que ya alrededor de los años 1500 en Europa se genera un proyecto de eurocentralismo. Es decir, la cultura europea como centro objetivo de lo que es “civilizado”. Aparejada a esta idea, se comienza un proyecto de conquista por la fuerza en el que se busca la universalización de la cultura cristiana europea. Y por supuesto, todos sabemos que casos específicos ocurrieron. El ejemplo se ve en la persecución de no cristianos en Europa, la imposición de la cruz y lengua en las Américas, y otras regiones. La sistemática imposición de lo que es “bueno y civilizado”, discrimina en contra de lo que no cumple con estas características. El acto de violencia está no en proponer lo que somos, sino en proponer lo que no somos. La única forma de sobrevivir al acto de violencia es yéndose del centro, oponiéndose y pagando las consecuencias o adaptándose a lo que es “civilizado”.

Este acto de violencia, en casos sistemáticos en los que se arremete contra el “otro”, tiene innumerables ejemplos en la Argentina que poco tendríamos que recordarlos, ya que están en la memoria colectiva de nuestro pueblo, y lamentablemente, en la voz y memoria de muchos de nuestros muertos. Pero valdría recalcar que en muchos casos el acto de violencia no solo se genera desde el centro del poder, sino que lamentablemente, se genera también desde las periferias del poder. De ahí que hay que prestar cuidada atención a los fenómenos sociales que generan violencia hacia aquellos que no cumplen con las características de lo que no es “civilizado”, lo que no es exactamente parte del imaginario de la nación y su gente. ¿Qué es ser Argentino? De dónde sale la palabra “ilegal” que tanto se está utilizando en nuestros medios, palabra indudablemente importada de la gran aldea del norte. ¿Quién recuerda el uso generalizado de este termino hace, digamos, diez años atrás? ¿Le diríamos ilegal a aquel tío italiano, que trabajaba 12 horas por día, y quizás en alguna oportunidad nos dio un plato de comida cuando las cosas no estaban tan bien?

Este ejemplo del uso de la palabra ilegal, se junta con muchos otros conceptos que en nuestro país se incorporan ya no de otras culturas, sino de una en particular, la cultura norteamericana. En algunos casos estas adopciones de ideas pueden llegar a ser benéficas y hasta graciosas. Un ejemplo que voy a tomar el riesgo de afirmar, quizás estoy equivocado, es el tema de la antidiscriminación, lo que es evidentemente un tema positivo para nuestro pueblo. Es un tema que tomó auge no hace muchos años con la construcción de una oficina de antidiscriminación, que indudablemente es un tema muy trabajado en los Estados Unidos, un país con una historia cargada de lamentables experiencias sistemáticamente discriminativas. Otro ejemplo muy graciosos, que me toco presenciar personalmente, es el haber visto hace algunos años en una visita a Buenos Aires que en un restaurante italiano de Puerto Madero proclamaban en el menú con grandes pompas, entrada “Caesar salad” (ensalada cesar, seria la mejor traducción) así en ingles y como uno de los platos principales “Fettuccini Alfredo”. Evidentemente el “chef” lo había tomado de algún menú americano, de un restaurante de no muy alto nivel, ya que son dos platos muy comunes y sencillos, que rara vez se encuentran en restaurantes de mediano o alto nivel.

Pero estos ejemplos nos llevan a pensar nuevamente en el articulo de Mignolo, y la idea del eurocentralismo en el siglo XV y XVI. La variante hoy podría ser un centralismo norteamericano, un centralismo cultural que impone lo que es civilizado. Esta ideología entonces, está latente en la conciencia colectiva, se nos presenta por la imagen que nos llega desde el televisor y nos invita a ser “civilizados”. Son estos proyectos sociales que nos tendrían que alertar de la posible violencia que estos mismos acarrean, ya sea de forma activa o pasiva. La forma de ataque a una cultura, no tiene que ser de una forma directa. En la negación de lo que no se es, existe también una forma de desplazamiento cultural. No hay nada de malo que el restaurante quiera poner sus Fettuccini Alfredo, por más “mersa” que esto sea para un americano. El problema pasa cuando se termina poniendo en una escala implícita de valores estas imágenes culturales, y queremos recrear Boston, y no recrear Cochabamba. Con esta actitud indudablemente nos tiramos un tiro en el pie, porque al recrear el producto final, en una de esas terminamos amputando parte de nuestra cultura que nos constituye a nosotros mismos como país, y como parte de la riqueza de la gran aldea global.

Michel Foucault y el tema de la censura

Por Fabián Banga

Se ha hablado mucho la semana pasada sobre el tema de la censura. Quizás valdría entrar a debatir un poco más este tema y encararlo desde otra perspectiva, desde un punto de vista teórico y ver si podemos trabajar algunas ideas que nos permitan entender un poco mejor cuál es la realidad y el contexto de la censura. Nietzsche decía que el hombre encuentra en las cosas solamente lo que él mismo ha incorporado en ellas. ¿Qué es por ejemplo un martillo? Una herramienta que sirve para abrir un agujero en la pared, es también una herramienta para construir una ventana, es también una herramienta para clavar clavos en una tabla, que terminará cerrando el agujero en la pared.

Está en tal caso el debate rondando sobre la postura del individuo frente a la realidad que lo rodea. El martillo por si solo no sería nada, sería sí, un elemento en un contexto, un contexto que le atribuya un poder a tal elemento. Y del “poder” se trata el tema. Michel Foucault se refirió a este tópico, como buen contemporáneo del postestructuralismo, al referirse a la relación entre el discurso y el poder. Cuando personajes como Kennedy o Perón producían un discurso, era absurdo interpretarlo como un simple texto, el texto implicaba un trastoque de la realidad, la proyección en la historia, la tensión entre destino y poder. En este contexto es donde podemos encarar la relación entre poder y discurso.

Dentro de este concepto de la censura, Foucault incluirá la división entre locura y razón. Aquél que se ubica en el espacio del “coherente”, proyecta socialmente la herramienta de la censura para con el “loco”, el que amenaza esta coherencia subjetiva. La censura de esta locura vendrá también complementada por lo sobrenatural del discurso del loco y me animaría a afirmar, por el miedo que el discurso del loco produce. Es así que si el censurador produce miedo al censurado, reprimiendo y amenazándolo, lo que refleja es un intento de equilibrio con-en el miedo que él mismo carga.

El poder contra el equilibrio del estado, es un miedo íntimo, un miedo de pérdida del control de una realidad preestablecida. En el acto de la censura no hay en si una simple producción de miedo, hay un intento de alivio del miedo del censurador.

Pero lo más interesante de todo esto es que el mismo acto de censura, hace del discurso, el máximo discurso, el centro de la realidad misma. El mismo acto de censura valida al producto censurado, haciéndolo centro de la realidad social. Es como decir que la insistencia de la negación o represión de una cosa la hace a ésta más deseable. Entender en tal caso, y no simple reprimir sería la idea. Pero el intento de entender nos quita el control y el poder. El estar dispuesto a entender nos mueve a un espacio en el cual podemos encontrar algo que no nos guste; y será muy bueno esto para las ciencias o la filosofía, pero no para la política y las artes del gobernar.

El intento de control nos lleva nuevamente al terreno del miedo, el miedo a lo no previsible, al discurso del loco que propone una lógica desconocida. En el siglo XIX se ve mucho esto en la represión de los espacios de la mujer dentro del ámbito de la sociedad. La mujer, era el centro de creación de la patria al ser ella la que engendraba los hijos. Este acto de dar a luz un nuevo individuo en la sociedad representa un acto de gran poder, ya que es ella la que controla muchos factores directamente relacionados con este acto de traer un nuevo individuo. Una mujer libre que cuenta con la posibilidad de decidir su destino y por sobre todo, una mujer que controla su propia sexualidad, era vista como una amenaza que horrorizaba a los teóricos de la época. Una mujer que duerma con el “otro” generaba la posibilidad de corromper linajes y espacios sociales de poder. Dirá Malcolm X, el activista musulmán afroamericano, que el verdadero horror del hombre blanco, era ver en la cama a su mujer con un hombre negro. Malcolm X manejaba en su discurso miedos muy profundos, miedos que llevaron a su asesinato en febrero de 1965.

El control por el miedo no es algo nuevo, nos acompaña desde los orígenes de la civilización. Pero entenderlo en su contexto nos muestra realidades interesantes, como la imagen del represor reprimiéndose a si mismo, intentando generar un poder que alivie su propio pánico.

Network of networks, análisis de la metáfora de lo global y lo local en el internet

Fabián Banga, University of California, Berkeley

Tinta, University of California Santa Barbara, Santa Barbara, 2000.
Everba: summer 2002

Introducción

Como comenta John Hindle en la introducción del Annual Review of the Institute for Information Studies, el internet es, sin ningún lugar a dudas, el nuevo paradigma. Este paradigma nos invita a analizar nuevas metáforas presentes en quizás el mayor aporte tecnológico en la historia de las comunicaciones. ¿Pero por qué considerarlo tal aporte? Porque el internet no sólo propone un medio extremadamente dinámico de procesar información, nos propone también la posibilidad del feedback. En el internet el espectador no sólo es el destinatario del mensaje, sino que también es el productor del mismo. Este feedback es en sí lo que constituye al internet en el enorme espacio de los communication groups, tales como mailing listschats o newsgroups.

El punto que queremos analizar en este trabajo es el de cómo los espacios virtuales dialogan con los espacios físicos en los newsgroups. El internet, a medida que se ensancha en su parámetro global y da la posibilidad de intercomunicar personas que están a latitudes muy diferentes en el planeta, resalta el concepto de lo local en el discurso de sus participantes.

Un factor que juega un papel de gran importancia a la hora de analizar el discurso en el internet es que literalmente existe una ruptura entre el espacio físico y el espacio virtual. Por otro lado, un fenómeno particular es que en el espacio virtual se alude constantemente al espacio físico: el país, la idea de hogar, lo nuestro. Para ejemplificar estas ideas procedimos a analizar un número de newsgroups de nacionalidades latinoamericanas para ver cómo estos grupos intercalaban entre ellos. En este trabajo encontraremos algunos ejemplos de los newsgroups de Puerto Rico, Chile, Brasil y Argentina en este orden.

También se analizaron: tópicos de mayor interés, cantidad de participantes hombres y mujeres, y los idiomas que eran más populares en los debates. Cuando hablamos de tópico nos referimos a cuál es el tema de discusión que en el grupo se presenta. Con este material pudimos ver no sólo contrastes entre los grupos sino también las metáforas que se proponían en los discursos. Una conclusión a la que hemos llegado luego de analizar ejemplos concretos es que, si bien el internet tiene la tendencia de globalizar al conectar personas de lejanas latitudes, al mismo tiempo genera discursos que insisten en la lógica de lo local. Esta afirmación no se limita a la simple barrera del idioma que desde un principio es un inconveniente a la hora de conectar personas en distintas ubicaciones del planeta, sino a conceptos muchos más complejos que hacen al discurso local. Para ejemplificar éstas ideas, procederemos a dar ejemplos de algunos grupos latinoamericanos.

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