Por Fabián Banga

Para muchos será novedoso el dato que en muchos lugares del mundo cristiano la costumbre de celebrar la Fiesta de Reyes es inexistente. De esta tradición tan antigua como el cristianismo, en el norte de América y en la muchos países de Europa, ni sutil rastro queda. También es importante remarcar que popularmente muy poco se sabe de quiénes eran estos reyes y de dónde procedían. La historia es contada en el evangelio de Mateo 2. 1-12, pero el texto bíblico no indica cuántos eran los reyes ni de dónde exactamente procedían. Que eran tres y que representaban distintas razas es una idea que llegó mucho después y se incorporó en la tradición como un símbolo de los reyes del mundo llegando a adorar al Hijo de Dios. Esto motivó, a muchos investigadores en el pasado, a tratar de develar la incógnita de los misteriosos reyes. Hay historias que cuentan que Marco Polo, cuando llegó a la región mesopotámica, encontró tres enormes arcos que los lugareños describieron como tumbas levantadas en honor a los tres Reyes Magos. Inclusive en Milán y Colonia se cree están los restos de estos tres magos, que según se profesa, fueron traídos a Constantinopla por Santa Elena, madre de Constantino.

Los únicos datos que tenemos, según los textos bíblicos, es que venían de oriente. Pero de ¿dónde exactamente procedían? No había grandes ciudades en el cercano oeste de Jerusalén que pudieran tener a señores tan bien vestidos y con tanto acceso a riquezas. Damasco estaba al norte, Meca y Medina estaban al sur. Quizás la hipótesis más acertada y aceptada hoy en día es que vinieron de la región mesopotámica que hoy es Irán e Irak. Hay muchas razones que justifican esta teoría. La primera es que evidentemente esta región está al este de Jerusalén. Las caravanas que llegaban desde el oriente, utilizaban una ruta antigua que unía la región de Persia con lo que hoy es Israel y Palestina. Esta ruta inclusive hoy en día se continúa usando. Otro factor que sustenta la idea de que los Reyes Magos llegaron de aquellos lugares, es que en pinturas encontradas en las catacumbas cristianas hay imágenes de los reyes, vestidos con ropas que pertenecían a la aristocracia persa. Se conjetura que estos “reyes” no eran efectivamente monarcas, sino que eran vistos como tales por los habitantes de la humilde Palestina de aquellos tiempos.

La pista más significativa, que sustenta la hipótesis de los señores persas, nos llega del nombre “magos”. La palabra “magos” en español viene del griego “magoi” y del latín “magi”, que significaban “sabios” y que están indudablemente relacionadas con la palabra persa “magu”. Magu era el nombre que tenían los poderosos e influyentes sacerdotes persas de la religión del profeta Zaratustra, también llamado Zoroastro o Zerduscht. El zoroastrismo es una religión que explica, entre otras cosas, la realidad cósmica como una lucha entre la dualidad del bien y del mal. El bien personificado en la idea de Ahura-Mazda o Ormuz (El Verbo Solar) y el mal en Arimán o Adar-Assur (Lucifer). Es significativo que para el zoroastrismo los sueños tenían una gran importancia y representaban una conexión con el mundo espiritual. El profeta Zaratustra recibió los ataques de Arimán y sus huestes en sueños; tiempos estos de tentación, anteriores al día en que recibió las enseñanzas directamente de Ormuz. En la historia de los Reyes Magos, contada en el Nuevo Testamento, los sueños también cumplen un papel importante: “Y como recibieron en sueños la advertencia de no regresar al palacio de Herodes, volvieron a su tierra por otro camino.” (Mateo 2. 12). Por último, es importante remarcar que así como los hebreos esperaban la llegada del Mesías anunciado por Isaías, los seguidores del profeta Zoroastro también esperaban un Mesías.

Estos sacerdotes eran grandes versados en la ciencia de la astrología y la astronomía, ciencias que en aquellos tiempos no estaban del todo separadas. De ahí que prácticamente todos los interesados en el tema, afirmen que la estrella que vieron estos magos-sabios refería a una estrella astrológica. Hay un evento astronómico y astrológico importante que ocurrió en tiempos del nacimiento de Jesús, la conjunción de Júpiter y Saturno en la constelación de Piscis. Este fenómeno fue re-descubierto por Kepler, mencionado por el rabino Isaac Abravanel (1437-1508) y finalmente esclarecido por el estudioso alemán Paul Schnabel quien en 1925 pudo descifrar unas tablas con escritura cuneiforme que mencionaban el evento en los cielos. Este fenómeno ocurrió en el año 7 a.C., fecha que se conjetura fue el verdadero año del nacimiento de Jesús. Júpiter era asociado con el “Rey de Mundo” y Saturno con Palestina. Que Saturno y Júpiter se encontraran en la constelación de Piscis, nombre que tendrá la nueva era y símbolo que está asociado con el cristianismo, era razón suficiente para emprender el gran viaje hasta Palestina para presenciar la llegada del Mesías. Y así cuenta la tradición que lo encontraron en Palestina, seguramente no recién nacido como se recuerda el suceso. Los regalos de oro (rey), incienso (espiritualidad) y mirra (muerte), se supone predecían el destino del niño de gobernar espiritualmente sobre todos los reyes del mundo y de morir algún día en la cruz.

Fuentes y páginas relacionadas con el tema:

http://www.elchenque.com.ar/fiestas/quienreymag.htm

http://www.astro-digital.com/7/reyesmagos.html

http://www.aciprensa.com/navidad/reyes.htm

Shuré, Édouard. Zoroastro y Buda (El Culto al Fuego – La Reforma del Brahmanismo), Ed. Kier, Buenos Aires 1979 p.7-50.