Por Fabián Banga

Uno en estos tiempos tendría que tener temas y más temas para escribir sobre lo que está pasando en el mundo. Pero una voz de desgano, de fatiga monótona se repite internamente: ¿escribir sobre qué? ¿No será escribir, por ejemplo sobre la guerra, de alguna forma otro método de desorientación involuntaria que se enfile detraes del incansable e invariable fastidio de desinformación que gobierna la imagen televisiva mundial? Hoy en día en que la guerra es transmitida en directo, el sabor que da la imagen televisiva es verdaderamente nauseabundo. Todo se ha vuelto con la excepción de un puñado de compañías informativas, de alguna forma un gran “reality show”. En estos pagos del norte lo putrefacto de los medios de comunicación llega hasta el punto de desinformar, de deliberadamente censurar ciertas imágenes o acontecimientos que imagino la mayoría patriótica no querrá presenciar. En otras latitudes el subjetivismo llega a mostrar la otra cara de la moneda, un discurso militante que salta alevosamente por sobre la humanidad de aquellos que están dando tanto de los dos lados de la guerra, por una causa lejana en demasía de lo que tendría que ser importante. Nuevamente el bienestar de los individuos universalmente pasa a segundo plano. Habría que quizás unir en los diccionarios de una vez por todas los significados de “información mediática” e “ideología”. Pero “ideología” en términos de Althusser cundo decía que la ideología expresa un deseo, una esperanza y una nostalgia, en lugar de describir una realidad. Un mensaje en las imágenes televisiva que estaría más bien relacionado con lo que nosotros creeríamos que tendría que ser, en lugar de lo que es. Esa expectativa hacia lo “normal” en lugar de abrir los ojos a lo inmediato nos mueve a una burbuja sofocante desde la que vemos un mundo demasiado monótono, demasiado irreal, que flota lejos de lo inmediato que nos toca vivir a todos. El dolor es dolor aquí en el otro lado del planeta. Nuestra propia experiencia tendría que ser suficiente paramento.

Porque los vahos a pólvora de la invasión no están únicamente presentes en el territorio iraquí, están también en los medios de comunicación masificados que bombardean con imágenes pobremente analizadas. Son éstas imágenes que en lugar de informar desinforman, que colman el apetito del ojo rápido que con la repetición insistente quita todo sabor y dolor, quita todo análisis. Después de todo, uno es animal de costumbres y hasta se termina acostumbrando a cualquier horror, a cualquier vaho tiránico, que se le presente. En este tipo de yugo de los medios de comunicación, los Estados Unidos lleva la delantera a la hora de ofrecer noticias bien predigeridas y manipuladas. Nosotros los argentinos, seamos sinceros, esto es algo que aún paradójicamente no disfrutamos de la misma forma e intensidad por la limitación de nuestros medios.

Pero más allá de la pila de ridiculeces que uno puede encontrar en los medios algunas cosas sobresalen como verdaderas perlas. El ejemplo es un artículo del New York Times del 30 de Marzo en el que se hacia un agudo análisis del tipo de población que integra las fuerzas armadas de los Estados Unidos. Por ejemplo se indicaba que de los 28 soldados que habían muerto hasta el día en que se había escrito el artículo, 20 eran de raza blanca, 5 de raza negra y 3 de origen hispano. Lo que refleja una división más o menos equitativa de los porcentajes étnicos enrolados en el ejército y presentes en la sociedad en general. Por otro lado solamente uno de ellos pertenecía a una familia de clase alta y también sólo uno había terminado sus estudios en una casa de estudios prestigiosa. El artículo continúa en un largo y detallado análisis de la tendencia de muchos jóvenes de la clase trabajadora que al no ver una salida laboral viable y digna, terminan enrolándose en el ejército con la esperanza de crear para ellos un futuro mejor. Hay que recordar que después de Vietnam, la realidad del ejercito norteamericano cambió drásticamente al crear una incorporación a las fuerzas voluntaria en lugar de obligatoria como eran anteriormente. En tiempos de paz uno aceptaría que el entrar a las fuerzas armadas para hacerse una carrera u oficio es un buen negocio, caso evidentemente contrario se presenta en momentos bélicos como éste que nos toca vivir. Por tal razón poco se estima que la motivación de estos soldados que hoy están peregrinando hacia Baghdad tenga en mente algún tipo de intención de invadir un país tan remotamente lejano geográficamente como culturalmente de su barrio natal en los Estados Unidos. El artículo de Halbfinger y Holmes(*) del 30 de Marzo en el New York Times online termina con la opinión de una reservista de Columbus, GA, que menciona al soldado que tiro una granada contra sus propios compañeros al comienzo de la invasión. La pregunta será: ¿cuántos como este caso habrá en estos momentos en el medio del desierto marchando hacia la capital iraquí?

(*) http://www.nytimes.com/2003/03/30/international/worldspecial/30DEMO.html