por Fabián Banga
a Janie
Lucero, University of California at Berkeley, Berkeley, Volume 13, 2002.
Everba: Summer 2004

Se ha escrito mucho sobre la Argentina de fines del siglo XIX y la construcción de los imaginarios nacionales con fuerte contexto patriótico, europeo y cristiano. Pero lamentablemente muy poco se ha escrito de las propuestas alternativas y resistencia al discurso oficial en esta última mitad de siglo. Tanto la imagen de la Argentina propuesta por el Martín Fierro como por el Facundo, —partiendo de estos dos pilares de la literatura Argentina— si bien difieren en perspectivas y propuestas políticas, en el campo religioso concuerdan en similares creencias basadas en espacios netamente católicos. Tanto el estanciero europeizado y religioso presente en el Facundo, como el gaucho marginado por su propio gobierno, peregrino y fugitivo de la ley, en más de una oportunidad muestran una devoción netamente católica. Y de alguna forma, estos dos opuestos de la realidad Argentina que se multiplicarán en diferentes momentos de la historia, en diferentes contextos y situaciones, no pueden escapar a esta europeización religiosa que pareciera absorber toda la realidad nacional en el campo literario. Tanto el catolicismo, como el tema de la tradición, parecieran ser temas intocables en la tradición nacional Argentina. Un puñado de ejemplos amansan estas estructuras monolíticas desde una base establemente teórica. Ni siquiera la vanguardia de los 20s, con sus manifiestos anti-oficiales, se metieron directamente con el tema de la tradición o el catolicismo. El martinfierrismo es un ejemplo. Más allá de su propuesta basada en una nueva estética, no rompe con la tradición; muy por el contrario, intenta apropiarse de ésta. Alguna de las excepciones pueden verse en personajes como los de Los Lanzallamas, de Roberto Arlt. Pero estos se sustentan y justifican a si mismos siempre desde el marco de la marginalidad. Pero pese a esta polarización marcada, no quita que tales alternativas existieran y que se filtraran en textos literarios. Lo que es paradójico es que estos intentos de ruptura con la religión oficial, estas corrientes alternativas en muchos casos se nutrieran, como así se da el caso de la herencia católica, también de pensadores y movimientos europeos. Tal es el caso del espiritismo, tema que nos interesa tratar en este trabajo, y del cual intentaremos encontrar ecos de sus ideas en ejemplos concretos en la literatura nacional. Notaremos al final que la tensión entre estas dos posturas —una alternativa y otra oficial— nace de alguna forma por una profunda crisis existencial y por la falta de respuestas a ciertos temas existenciales por parte de la religión y la ciencia propuesta por el estado.

Los movimientos filosóficos de ruptura y critica del siglo XIX, llegaron a la Argentina y se expresaron no sólo en charlas, debates y conferencias públicas, sino que tuvieron claras huellas en la literatura nacional. Temas relacionados al vitalismo metafísico y el nihilismo no se hicieron esperar en la joven nación.

Encendió la luz, ganó la cama y abrió un libro.
Media hora después cerraba los ojos sobre estas palabras de Schopenhauer su maestro predilecto: “el fastidio de la noción del tiempo, la distracción la quita; luego, si la vida es tanto más feliz cuanto menos se la siente, lo mejor sería verse uno libre de ella.” (Sin Rumbo, Eugenio Cambaceres. p. 86)

Estas teorías se entremezclaron con ideas cientificistas que en la literatura se plasmaron en exponentes como Poe (1809-1875), quien en sus cuentos y poemas expresa una profunda crisis espiritual y existencial, reflejada en sus tópicos. En los cuentos de Poe encontramos en muchos casos teorías cientificistas, como la del magnetismo animal, que eran muy populares en la época y que aparece por ejemplo en “El caso del Señor Valdemar”, la historia de un hombre que después de haber muerto su alma se mantiene conectada a su cuerpo gracias a una especie de poder hipnótico. Lo interesante es ver que este conflicto existencial se superpone a otra preocupación de la época en Latinoamérica, la construcción de la nación y del ser nacional.

En la Argentina, por ejemplo, libros como el Facundo, El Matadero y Martín Fierro, tenían como tópico principal el tema de la patria y su gente. Estos tópicos nos sugieren una intencionalidad dirigida a delimitar el imaginario nacional ya sea en su espacio como en su gente. En estos tópicos encontramos individuos nacionales con una fuerte característica católica. La explicación de las características de estos individuos se sustentaba en teorías predominantes de la época, en muchos casos traídas de Europa. Un ejemplo lo vemos en Sarmiento, cuando en el Facundo explica las características del hombre de campo en relación con la tierra, mostrando una influencia evidente de Rosseau (1712-1778) y su teoría del hombre natural.

Pero este imaginario de nación como, tomando el caso del catolicismo, tuvo claros opuestos alternativos. Muchas de estas propuestas promulgadas por grupos concretos contaban con una organización y estructura sistemática, con un método preciso que, con intenciones científicas, buscaba una respuesta a fenómenos presentes en la realidad humana, fenómenos que no eran explicados por las ciencias convencionales, o simplemente, no eran ni siquiera objeto de estudio. Este es el caso del espiritismo y la teosofía.

Según Cosme Mariño, el espiritismo llega a la Argentina entre el año 1869 y 1870 de la mano de un español, Don Justo de Espada, oriundo de Málaga (Mariño, p.8). Mariño le atribuye a Don Justo un profundo espíritu científico y voluntad de hacer estudios sobre temas basados en hechos empíricos e investigaciones metódicas. Cuenta que en sus comienzos, las sesiones que tenían como fin comunicarse con los espíritus tenían resultados triviales. Pero poco a poco, de una forma organizada, se fueron creando centros que tenían como fin promover la doctrina espiritista y promover el estudio de estas ideas con la ayuda de personas preparadas para hacerlo. Estos primeros espiritistas, según Mariño, eran fervientes lectores de la obra de Allan Kardec, el pensador espiritista francés que por lo que podemos ver, fue la corriente que influencio al espiritismo en la Argentina. Los integrantes de las filas del espiritismo, según Mariño, eran personas educadas que planteaban ideas debatían con otros personajes de la jerga intelectual argentina de aquellos tiempos. En su libro sobre el espiritismo en la argentina Mariño describe detalladamente una sucesión de debates que se realizaron en los periódicos de la época entre diferentes intelectuales, algunos a favor del espiritismo y otros en contra de éste.

Según sabemos, la doctrina espiritista tomo mucho auge en sus comienzos. En aquellos tiempos, sus simpatizantes se preocupaban de mostrar que sus doctrina no era una simple creencia sino que estaba basada en hechos científicos. Para el año 1885, según Mariño, ya había 8 centros en la Capital Federal, 5 centros en la provincia de Buenos Aires y 8 en el resto del país (Mariño, p.100). Hay un hecho descrito por Mariño que nos resulta de singular interés ya que refiere a un acalorado debate entre el ingeniero Rafael Hernández y Alejo Payret, quien era profesor de Cursos Libres del Colegio Nacional. El presidente Roca, enterado de los acalorados debates que se venían llevando en revistas y diarios de la época, tales como los diarios El Sud América, La Crónica y El Orden, le pidió a Payret que diera una conferencia sobre el tema para enterarse qué había de verdad en todas estas creencias. La conferencia se realizó y a tal asistió Mariño y Hernández. En respuesta a ésta el ingeniero Hernández propuso responderle en otra conferencia que se terminó realizando en el teatro de la ópera el 30 de octubre de 1885. La conferencia se basó en explicar las características que sustentaban al espiritismo y por otro lado, se articuló una respuesta a la teoría materialista reinante en la época, que pareciera era la línea a la que adhería Alejo Payret y sus jóvenes seguidores del club El Progreso.

Estos movimientos en muchos casos venían a proponer una alternativa espiritual a problemas que las religiones oficiales no podían resolver. Esto se vio muy profundamente en la crisis existencial frente a las pérdidas humanas en tiempos de guerra. De ahí que se acepte incluso en escritores espiritistas, que una de los grandes motivos por los cuales estas ideas cobraron gran popularidad fue por la pérdida de seres queridos en tiempos de postguerra.

Muchos de estos movimientos tuvieron influencia en escritores como Poe y Baudelaire, quienes a su vez influenciaron a muchos a escritores latinoamericanos de fines del siglo XIX y principios del XX, entre ellos Lugones. El aporte que dará este movimiento al área de las letras será, entre otras cosas, los temas en relación a lo suprarracional. El tema de lo fantástico no representará solamente un espacio estético desde el cual se crea un mundo distinto al real. El tema de lo fantástico —como así también se ve en el simbolismo— representa una crisis de representación de la idea. Estamos frente a una poética que se mueve en los límites del lenguaje (Ramos p.19). En caso de la literatura, el lector juega un papel activo al negociar con el escritor un espacio verosímil que se crea por ejemplo en el cuento fantástico. Sin esta negociación el cuento se plantea imposible. Pero esto no es nuevo; lo nuevo está en la posibilidad de negociar un espacio de verosimilitud que se aleja de los parámetros de lo aceptado como realidad empírica y que tenga algún sustento en teorías que eran debatidas en el momento histórico en que se escribió el cuento. Para crear esta estética se tomaban ideas de diferentes espacios. Un ejemplo de esto lo veremos en Lugones, donde encontramos teorías como las de involución propuestas por Blavatsky, la famosa medium ruso-americana.

Un ejemplo concreto de la teoría de involución lo vemos en el cuento “Yzur”. El cuento relata la historia de una persona que intenta hacer hablar a un mono, intento que no produce ningún resultado hasta el final cuando el simio articula “—AMO, AGUA, AMO, MI AMO…” En este cuento se trata la:

posibilidad de recuperación del lenguaje articulado de los simios. La teoría de base es la regresiva que, a diferencia de la evolutiva o progresiva que supone que el hombre es un antropoide perfeccionado, sos¬tiene que el mono es un hombre involucionado. Lugones halló pie para ello en la teosofía. Helena Blavatsky, en su Glosario teosófico escribe: “Opuestamente a lo que afir¬man los naturalistas modernos, el hombre no desciende del mono o de algún antropoide de la presente especie animal, sino que el mono es un hombre degenerado.” Si es así, el mono tiene la posibilidad del habla aletargada y el conveniente ejercicio podría desarrollarla. (Barcia, p.34).

Propondremos también que esta idea presente en el cuento de Lugones, se sustenta en otra idea teosófica la de que el hombre no es ninguna creación especial de la divinidad, muy por el contrario, es tan sólo otro elemento cosmogónico más. Lugones era un adepto a la teosofía y estaba bien consciente de que sus ideas serían contradictorias en tiempos en que el materialismo estaba en pleno auge. Por otro lado vemos su confusión y necesidad de respuesta frente a diferentes interrogantes. Lugones incluye nuevamente estas ideas teosóficas y espiritistas en cuentos como “la fuerza Omega”, “La metamúsica” y “psychon”. Estos cuentos fantásticos de Lugones se ubican entre la teoría materialista y las ideas alternativas, e introducen estos temas alternativos con mayor interés que otros grandes cuentistas del momento, como pueden ser Jack London, H.G. Wells o Robert Duncan Milnes. (Barcia, p.31)

Esta dualidad entre la materia y el espíritu, entre el materialismo y el espiritismo se hace presente en el cuento “Lluvia de fuego”, el cual lleva el subtítulo “evocación de un descarnado de Gomorra”, en referencia al espíritu de un habitante de la ciudad bíblica. No sólo existe en el cuento el evidente tema del espiritismo —ya que él que narra es un espíritu— sino que el cuento nos muestra algo más: contraste evidente entre la realidad del cielo inmutable, y el de la tierra en constante caos (Barcia, p.36).

Hay otro elemento relacionado íntimamente con el espiritismo en este cuento que es el poder de la voz del difunto que se comunica con los vivos mientras que éstos toman nota de los mensajes de ultratumba. Muchos libros o compendios espiritistas cuentan con esta metodología: la del médium “escribiente” tomando nota de la voz escuchada en muchos caso solamente por él. El poder de la voz en este caso se hace explícito al literalmente “descarnar” al hablante y justificar su existencia en la voz misma. Como en las ideas de Lacan sobre la palabra y en la interpretación del síntoma en la palabra misma. En este contexto la existencia del interlocutor está justificada en el propio sonido de la voz, y no en la presencia física del interlocutor. El que atestigua de tal existencia en el ejercicio meduínico es el propio médium. Es interesante ver el paralelo que hay entre este acto de escribir las palabras de un espíritu —llegando a hacer un libro de esta “conversación” con un espíritu—, y el acto del escritor escribiendo su cuento, transcribiendo las palabras de su personaje. Este paralelo en el cuento de Lugones se hace doblemente explícito al ser el mismo personaje un espíritu, y siendo éste el único narrador.

Esta voz en el cuento de Lugones narra un pasado apocalíptico, un juego temporal ya que no hay una enseñanza en miras al futuro, en miras a un Apocalipsis en los finales de los tiempos. La catástrofe es en un pasado fuera de la historia, un pasado bíblico. El cielo castiga a los sodomitas con una fuerza apocalíptica. En la tierra el narrador en primera persona vive esta dualidad, llega al final de sus días dedicado al culto de la lectura y de la comida. La dualidad no es sólo materia y espíritu, sino que la dualidad es materia y arte representada por la misma literatura. Pero quizás aun más importante es el fatalismo del mundo Luganiano en este cuento. El narrador intenta explicar la realidad del mundo que lo supera por lo caótico y apocalíptico y en este intento produce arte al ser el mismo, mejor dicho su voz, el cuerpo literario del cuento. Su arte es la lectura y la comida. Pero una aerolito incandescente hiere a uno de sus sirvientes, hecho que le quita el apetito. Intenta explicarlo por medios científicos, datos históricos, pero el mundo empírico no puede ser explicado ya que no hay antecedentes:

Sin ser grande mi erudición científica, sabia que nadie mencionó jamás esa lluvia de cobre incandescente. ¡Lluvia de cobre! En el aire no hay minas de cobre
(de la edición de Barcia, p.146)

No sólo no es posible explicarlo por medio de los conocimientos, sino que el progreso de la máquina —en la imagen de la ciudad y los vehículos— no son suficientes para detener el fin apocalíptico. Hay un intento de entender el caos, hay un intento de control, pero no se logra entender. La única salida es el suicidio:

Llevé el pomo a mis labios, y…
(de la edición de Barcia, p.155)

Estamos frente a un final terminal no sólo en lo literal, —ya que el pomo contenía veneno— sino en lo desesperado de un final sin lo heroico de enfrentar la muerte. No estamos frente a la imagen de un superhombre de Nietzsche sino de un personaje que no propone ningún final, un personaje que se disuelve. Este es un personaje sin respuesta frente a la superación del escenario conflictivo que se disuelve. Ni siquiera encuentra un final psicótico, que en términos clínicos sería una alternativa frente a la disolución del Yo que está sobrepasado por los hechos reales. Este personaje narrador aniquila su propio Yo verbal, se termina la voz y con ella su propia existencia.

Estamos evidentemente frente a una profunda crisis de este ser que de alguna manera dialoga con el ser nacional de tiempos de Lugones. Es ésta una crisis entre una necesidad de interpretación del mundo por medios científicos y, al mismo tiempo, la importancia de la subjetividad personal frente a este mundo, una subjetividad impregnada de creencias y de angustias frente al cambio. En esta crisis propuesta en el cuento por Lugones afloran también otros dos aspectos que señala García Ramos en referencia a los cuentos de Lugones, que son nuevas esperanzas surgidas en el área del progreso y consciencia crítica en torno al saber humano. Por un lado la esperanza en el progreso está presente en la máquina —recordemos la ciudad bíblica en el cuento—. Pero Lugones es pesimista frente a esta esperanza. La máquina, la modernidad y la tecnología no son una salida; en esto se asemeja Lugones a Arlt. Algo muy distinto a esto veremos un poco más adelante en la literatura argentina con la poesía de Oliverio Girondo y sus 20 poemas para ser leídos en un tranvía, en donde Girondo propondrá una creación de un nuevo objeto estético no natural, que entrará en diálogo con movimientos estéticos como el cubismo, abandonando los subjetivo del romanticismo y poniendo el énfasis en lo visual y por otro lado con el futurismo en la exaltación de la máquina. Pero este momento de Lugones es otro, un momento anterior y en su caso, profundamente nihilista. Volviendo a García Ramos, notamos que también aparecen características referidas a una consciencia crítica en torno al saber humano. Muy evidente se presenta esto en lo que ya dijimos de la imposibilidad de explicar el mundo. Por un lado, la ciencia no puede responder a todas las preguntas del hombre y por otro lado, no puede responder las preguntas existenciales.

A modo de conclusión, podríamos decir que movimientos como el espiritismo y la teosofía, presentes en la obra de Lugones, eran fruto de la gran crisis reinante a fines del siglo XIX. Eran estos movimientos científico-religiosos grupos que intentaban responder a preguntas existenciales de la época. Pero bien sabemos que a fines del siglo XIX había otra gran preocupación en países como la Argentina. La construcción del ser nacional y el imaginario de la nación eran una preocupación que nos llega desde los escritos de Sarmiento y Echeverría, entre otros. Ésta era una nación joven, que sólo hacía algunos decenios comenzaba a considerarse una verdadera república. Los diarios de la época anunciaban en Buenos Aires abundantes conferencias y debates de todo tipo, tal es el caso de la conferencia de Hernández, publicada en las pagina de La Prensa el 31 de octubre de 1885. Ojeando los diarios de la época pudimos comprobar que conferencias de este tipo eran muy comunes y que su audiencia era bien numerosa en mucho de sus casos. Esto nos habla de una preocupación de conocimiento, una preocupación que se refleja hasta en sus gobernantes; tal es el caso de la sugerencia de Roca a Alejo Payret de informarle de cuánto había de realidad en estas ideas del espiritismo y su agrupaciones sistemáticamente organizadas. Por ejemplo, la asociación “Constancia”, que era una agrupación espiritista, contaba con una entidad bien organizada, con una imprenta y hasta instalaciones propias. En el discurso que se puede leer de los escritos producidos por estas instituciones, notamos una asociación constante con el progreso y la modernidad, rechazando las ideas materialista por considerárselas conservadoras. Estas instituciones si bien proponían otra visión al aporte del imaginario de nación aportaban una alternativa al conflicto que afectaba a todos por igual: la tensión entre el individuo subjetivo, el progreso enmarcado en los campos de la ciencia y la crisis existencial del hombre.

Esto nos lleva también a re pensar los imaginarios de identidad y notar cómo estos movimientos prácticamente desconocidos no sólo fueron importantes en la construcción de la nación, sino que modelaron con su influencia de ideas a importantes escritores de la literatura nacional. ¿No es el caso de Arlt? Desde su primer escrito publicado, Ensayo sobre ciencias ocultas de la ciudad de Buenos Aires. También este tema esta presente en Los Lanzallamas (1931) en las palabras del Astrólogo —en muchos casos directamente refiriéndose a Blavatsky—, el Iluminado y sus ideas de la reencarnación. Esto nos plantea otros espacios, que si bien pueden llegar a ser marginados por la cantidad de trabajo que se le ha dedicado, cumplen un papel fundamental en la construcción de los imaginarios nacionales, al superponerse a momentos e ideas en pleno auge en su momento.

Bibliografía

Blavatsky, Helena Petrovna. Compendio de la Doctrina Secreta; edición de Elizabeth Preston y Christmas Humphreys. Buenos Aires: Federación Teosófica Interamericana, 1973.

Cambacéres, Eugenio. Sin rumbo, Eugenio Cambaceres; edición de Claude Cymerman. Madrid: Cátedra, c1999.

Conil Paz, Alberto A.. Leopoldo Lugones /, Alberto A. Conil Paz editor. Buenos Aires : Librería Huemul, [1985]

Kardec, Allan. El libro de los espíritus : selección y comentarios de la obra de Allan Kardec, Santiago A. Bossero. Buenos Aires : Editorial Víctor Hugo, c1963

Lugones, Leopoldo. Cuentos fantásticos, edición, introducción y notas de Pedro Luis Barcia. Madrid: Castalia, c1987.

Lugones, Leopoldo. Las fuerzas extrañas, edición de Arturo García Ramos. Madrid: Cátedra, c1996.

Mariño, Cosme. El espiritismo en la Argentina /, Cosme Mariño. [Nueva ed.] Buenos Aires : Editorial Constancia, 1963

Maroney, Tim. The book of dzyan. Oakland, Miskatonic University Archive, 2000

Podmore, Frank. Mediums of the 19th century. New Hyde Park, N.Y., University Books [1963] 2 v.

Santamaría [et al.] Ocultismo y espiritismo en la Argentina. Buenos Aires: Centro Editor de América Latina, c1992.