Historia de fin de año

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Estuve buscando esta historia y no he tenido la suerte de encontrarla. La escuche de un Sensei hace mucho tiempo y la quería compartir como anécdota de fin de año. Principalmente para los que somos educadores, y sabemos de las frustraciones de nuestras propias limitaciones. La historia la voy a modificar mínimamente para que tenga sentido en nuestro contexto occidental pero la idea es la misma y el mensaje en su mayoría y esencia no va a estar modificado. Perdón que estoy un poco cansado lo que hace que haya muchas torpezas pero la quiero compartir ahora, la revisaré un poco más mañana.
Cuenta la historia que en una clase de caligrafía, que en el contexto que me la contaron sería en algún lugar de Asia, el maestro en la primera de las clases escribió en el pizarrón un carácter que en ese caso era el más básico. Como si les pidiera a los estudiantes que escriban la letra A. Todos los estudiantes reprodujeron el mismo carácter en el primer renglón de su cuaderno muy prolijamente. El maestro en silencio pasó a ver los caracteres de cada uno de los estudiantes aprobando o dando sugerencias según sea el caso. Luego de pasar revisión de cada uno de los estudiantes les pidió que completaran el primer renglón del cuaderno con el mismo carácter. Y así continúo el día de clase, los estudiantes escribiendo el mismo carácter en todos los renglones de la primera página con el maestro caminando entre los estudiantes dando sugerencia o admirando los trabajos según sea el caso.
Al próximo día todos los estudiantes sentados en los mismos pupitres vieron como el maestro volvía al mismo ritual de escribir un carácter, en este caso diferente y un poco más avanzado, y volvía a pedirles que llenaran la segunda página. Como si en el segundo día les pidiera que escribieran la letra B. La clase como en el primer día tenía a todos los estudiantes trabajando en silencio y el maestro, en profunda paz y armonía, pasaba pupitre por pupitre viendo como los estudiantes escribían el segundo carácter. Mientras caminaba entre los estudiantes el maestro notó que una de las estudiantes, la más joven y chiquita, en lugar de estar escribiendo el segundo carácter continuaba escribiendo el primer carácter del día anterior en la segunda página del cuaderno. Con mucha tranquilidad y posando su mano sobre la cabecita de la nena le preguntó por qué aún continuaba escribiendo el primer carácter y no el segundo. La niña con mucha timidez le respondió que creía que aún no había aprendido suficientemente bien como escribir el primer carácter y prefería continuar practicando ese primer ejercicio. El maestro con una sonrisa muy sensible le respondió que admiraba su perfeccionismo y que si quería seguir practicando el primer carácter podía hacerlo.
Al tercer día el rito fue el mismo. El maestro mostro el tercer carácter dibujándolo en la pizarra, y los estudiantes en este caso ya sin necesidad de recibir direcciones comenzaron a llenar la tercera hoja con el carácter ejemplificado en el pizarrón. Cuando pasaba caminando como lo hacía todos los días entre los estudiantes, que en silencio trabajaban en sus cuadernos, el maestro vio asombrado como la niña chiquita continuaba completando la página de su cuaderno con el mismo primer carácter. No solo eso, notó que varias de las páginas ya habían sido completadas en su casa con el mismo ejercicio. El maestro preocupado le preguntó por qué continuaba insistiendo con el primer carácter si en su opinión era ya de muy alta calidad. La nena con más acentuada timidez le pidió perdón al maestro por no seguir sus instrucciones, pero consideraba que aún su primer carácter no había llegado a su mayor potencial. El maestro consternado y hasta un poco frustrado le permitió a la nena seguir practicando el primer carácter pero le recomendó no continuar haciendo lo mismo todo los días sino practicar nuevos caracteres.
Los días fueron pasando y el maestro día tras día continuaba con su ritual de poner un nuevo carácter a la espera que sus estudiantes practicaran este nuevo ejemplo. Todos los estudiantes siguieron al pie de la letra el ritual excepto la nenita que continuaba incesantemente practicando el primer carácter. El maestro decidió ya no reprocharle la insistencia a la nena y trató de proponerse múltiples explicaciones del porqué de la actitud de su estudiante. Pensó que sería un problema de aprendizaje, un caso de perfeccionismo patológico, algún tipo de deficiencia. Pero con profunda pena y desentendimiento se resignaba a ver a su estudiante repetir y repetir el primer carácter. Se dio de alguna forma por vencido y decidió ignorar a la nena desde aquel día.
Al final de ese período escolar, el último día de clase, el maestro llegó muy orgulloso de sus estudiantes y de todo lo que ellos habían aprendido. Les dio una pequeña charla de la importancia de los caracteres en su cultura y de lo feliz que estaba por lo respetuosos y esmerados que fueron durante el año. Para terminar esa etapa y para que puedan demostrar a sus compañeros todo lo que habían aprendido, les pidió que pasaran al pizarrón algunos voluntarios y que compartieran con sus compañeros un carácter, solamente uno, de todos los que habían practicado. El que quisieran, sin importar lo fácil o difícil de éste, pero del que ellos se sintieran orgullosos de dominar. Algunos pasaron y escribieron caracteres muy difíciles, otros no tanto pero con un arte muy refinado que generó el aplauso de sus compañeros. Luego de que el grupo de los estudiantes más extrovertidos diera su demostración, el maestro pidió que no tuvieran vergüenza los más tímidos y que todos tenían que sentirse orgullosos y orgullosas de lo que habían aprendido. Fue entonces que la niñita más chiquita levantó su mano y pidió pasar a dibujar el primer carácter. El maestro con mucha compasión y hasta con un poco de pena agradeció a la nenita su pedido y la invitó a pasar a dibujar su carácter. Ella con mucha timidez fue hasta el pizarrón y con calma comenzó a trazarlo. Y cuando termino de dar la última línea el pizarrón se partió en dos.

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Tulio Halperín Donghi

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Yo lo conocí a Tulio Halperín Donghi en el año 96 cuando llegué a estudiar a Berkeley. Todo el mundo me hablaba del gran historiador y voy a tener que ser honesto al decir que de él yo sabía muy poco o casi nada. No pasó demasiado tiempo hasta que noté su presencia. Era una persona muy querida y respetada en Berkeley y nosotros que estábamos en el Departamento de Español y Portugués  teníamos la enorme suerte de estar prácticamente contiguos a su oficina en el Departamento de Historia, simplemente separados por unos pisos. Ellos estaban y están en el tercer piso de Dwinelle Hall, nosotros en el quinto. Por su generosidad, profesionalismo y erudición era prácticamente alabado por todo mi departamento. Era una persona muy activa no solamente en el campo académico sino en la vida de la comunidad de UC Berkeley.  Era común escaparse a la hora del almuerzo a escucharlo en charlas o pasar a visitarlo por sus horas de oficina que estaban siempre saturadas de estudiantes. Se tomaba el tiempo de venir a escuchar ponencias e interactuar con la vida activa de la universidad. La lista de estudiantes que le pedían ser lector de tesis doctorales era enorme y él aceptaba en igual medida.

Recuerdo tomar uno de sus seminarios sobre historia latinoamericana y que fue quizás uno de los últimos que dio. Nos reuníamos por la tarde a charlas semanales que duraban 3 horas con un efímero descanso de no más de 15 minutos. Don Tulio hablaba por tres horas sin parar y uno tenía la impresión de no haber estado más de media hora con él. No paraba de hablar ni en el descanso que teníamos y en el que solíamos caminar hasta el Free Speech Movement Café, a no más de 50 metros del edificio donde daba el seminario. Tulio te contaba la historia como un cronista, con una profundidad y una claridad que daba la impresión de que él había estado en el suceso. Hablaba con una firmeza que carecía de compromiso ideológico y que imponía humildad. No decía lo que uno querías escuchar, sino que mostraba, y quizás con una inofensiva cizaña, el lado desmitificador de los hechos para de ahí construir una perspectiva que planteaba una realidad inesperada y hasta liberadora. Los que lo conocen saben que de quererlo escuchar afilado al máximo había que traer el tema del peronismo. Y parecía no molestarle que alguno de los presentes teníamos evidente simpatía por este movimiento. Nombrar a Sarmiento era poner el siglo XIX de cabeza y no había padre de la patria que quedara en pie a la hora de sus charlas panorámicas. Combinaba anécdotas del exilio con el siglo XIX como si fueran parte de un mismo barrio y tiempo. Y siempre las mejores interacciones con él eran en grupos pequeños. Los interlocutores se limitaban prácticamente a producir preguntas, no importaba el nivel académico. Tulio podía hablar de cualquier cosa y con una precisión envidiable, por el tiempo que sea y esté con quien esté. Charlas interminables y valiosísimas que podían ocurrir en lugares inesperados como una ponencia, en su oficina, en un café o en largas caminatas al o desde el YMCA, lugar donde solía encontrarlo nadando.

Tenía una forma de mostrar Latinoamérica que impedía el nacionalismo. Recuerdo una charla en la que hablaba de los orígenes de Santiago, la capital de Chile, y la describía en términos de un enclave indirectamente al servicio de familias terratenientes mendocinas que necesitaban una universidad para sus hijos. Interesantemente él no hablaba de Argentina porque no la consideraba ni siquiera parte de su análisis. Entendía el fenómeno histórico y de alguna forma él y su lógica se volvían parte de esa narración. Y explicaba todo con una naturalidad que parecía carente de esfuerzo. Esto se puede ver en sus libros, muy leíbles, simples pero de una profundidad enorme. Era admirable. Escribía cosas como “Manuel emitía sus opiniones con el aplomo de quien sabe que tiene autoridad para ello” hablando de Belgrano. No dejaba espacio para la duda y hablaba de historia con aire de juerga. Entre estos comentarios, luego, uno llegaba a entender ideas que él había planteado pero que en su momento habían pasado desapercibidas. No se limitaba a temas históricos ya que le interesaba desde la realidad de la universidad hasta en los últimos años temas como la tecnología de la educación; tema que me interesa particularmente. Recuerdo su queja a las nuevas generaciones de académicos que podían llegar a ver como un fracaso terminal el no conseguir una posición permanente de “tenure” en una universidad de investigación y proponía que muchos de los grandes historiadores de su época enseñaban en secundarios. En las charlas Tulio era todoterreno. En una ocasión, luego de una presentación, alguien menciono una idea basada en la construcción de la nación desde la visualización de las burguesías locales. Luego de la charla recuerdo un comentario que me hizo argumentando que no había burguesías en la región de la que esta persona había hecho un comentario, sino un grupo de colonos engreídos que intentaban reproducir modales de una clase social europea a la que ellos no pertenecían.

La última vez que lo vi fue en su casa unos días antes de su último cumpleaños para arreglarle su computadora. Le terminamos comprando una nueva con su esposa Dora porque la computadora era muy vieja. Tenía ahí sus documentos de sus últimos escritos en esa máquina vieja con una precariedad que aterraba. Estaba cansado pero lucido, impecable y formal como siempre con su saquito como cuando iba caminando por el campus con su portafolio de chico de colegio. Se distraía de vez en cuando pero quería hablar de la política y de las universidades argentinas. La computadora le llegó el 17 de octubre y le dio (y nos dio a todos) gracia la coincidencia. Creo nunca llegó a usarla. Me regaló su libro de Belgrano y se olvidó de firmarlo; ni le pedí el autógrafo. Muy generoso hasta en sus últimos momentos. Se lo va a extrañar ya que se nos fue un indispensable.

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Presentation @ Saint Mary’s College

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Saint Mary’s College Conference
Teachers, Teaching and the Media Conference
October 16th to 18th

Panel: Alternative Communities, Alternative Stories: Experimenting with Moocs, Community Television, and Cinema
Friday, October 17th / with By: Tomás Crowder-Taraborrelli and Kristi Wilson

MOOCs and Social Media (pdf file)
A discussion about MOOCs, courses and the idea of “open”
By Fabian Banga

Online education has experienced tremendous growth over the last decade, spurred by a combination of technological innovations, economic drivers, and changing demographics. Today, more than one third of the nation’s college students take courses online. According to the latest survey by the College Board and Babson Survey Research Group, Changing Course: Ten Years of Tracking Online Education in the United States (2013), over 6.7 million students at four-year institutions in the United States were taking at least one online course during the fall of 2011, an increase of more than half a million, or 9.3 percent, over 2010 (Babson, 2013).

In this context we have experienced the rise of MOOCs (Massive Open Online Courses). But what are MOOCs? Can we consider MOOCs a phenomenon associated with online education or just a continuation of the space associated with social media? Are they products of our neoliberal society? We will have a discussion about MOOCs and question of what the “C” means. Are MOOCs courses or online events? We will discuss how to teach in the open internet without learning outcomes. Finally, we will question the word “course” or at least demand a clarification of what constitutes a course. We will discuss an example of a MOOC I offered in spring 2013 at Berkeley City College.

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Tecnología, neoliberalización de la educación y el software de código abierto.

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Hoy en día, la encrucijada de cómo enfrentar el desafío de nuevos paradigmas tecnológicos en muchos casos más tiene que ver con lo ideológico que con el tema de la infraestructura y recursos. Pensemos en los campos del software, la tecnología de la educación, las plataformas en el área del aprendizaje. Hay alternativas a cualquier necesidad en el campo corporativo y en el campo de código abierto. La pregunta es si hemos trascendido esa ilusión neoliberal y mediática que nos permita enfrentar esta encrucijada desde una visión objetiva y sin perjuicios. El software libre plantea un horizonte de enormes posibilidades que afortunadamente se está afianzando en el Cono Sur y que nos pide más apoyo, investigación y análisis. La idea de que el mercado, desde sus fórmulas basadas en la oferta y la demanda, es la única alternativa, está siendo sólidamente cuestionada desde la opción que aquí en el norte planteamos desde el paradigma de lo open, lo abierto. Lo abierto no solamente en el espacio del software libre, sino como una propuesta ideológica que trasciende su espacio originario. Es decir, lo abierto como una propuesta filosófica que trasciende la aplicación y que se plantea en lo social en campos como la educación, la investigación, la democratización del proyecto social, etc. Este mecanismo me atrevería a decir, es el más sólido artefacto alternativo al proyecto neoliberal que hemos visto en los últimos años.

El enfoque y crítica que le hago a lo neoliberal no parte desde una tribuna combativa al capitalismo, sino desde una discusión actual y académica en el seno del mundo universitario norteamericano. Esto es importante marcarlo porque en los últimos diez años se está viendo un insistente cuestionamiento desde la cuna de la academia norteamericana y europea a la falacia de que el mercado se autocorrige solo y beneficia con sus dinámicas a todos los espacios de la sociedad. Muchísimos ejemplos hay que contradicen esta premisa, como la situación económica en Europa, las cuestionadas medidas privatizadoras de la educación chilena, el debacle de los préstamos hipotecarios en los EEUU y la crisis argentina de hace algunos años, entre tantos otros, funcionan como argumento. Pero sobre todo, comienza a sobresalir el ejemplo de la difícil situación de la educación en los EEUU incluyendo el caso de los préstamos universitarios y los costos descontrolados de las altas casas de estudios.

David Francis Mihalyfy, un estudiante doctoral de la Universidad de Chicago lo llama en su artículo del fin de semana en Jacobin “the fantasies of the Chicago Boys” (la fantasía de los chicos de Chicago) https://www.jacobinmag.com/2014/06/higher-eds-for-profit-future/ (Su artículo se extiende en ejemplos de cómo esta idea no funciona en el campo de la educación universitaria). Sí, esta frase viene desde la cuna geográfica del neoliberalismo y no desde una latitud periférica al imperio. Ni siquiera viene desde una cátedra progresista en Berkeley, sino desde la universidad de Milton Friedman. Es decir, se está planteando un nuevo horizonte en el mundo y la pregunta es si nosotros en la Argentina estamos creando los espacios de discusión social y académicos para sustentar este nuevo paradigma. Hay esfuerzos en la región que son alentadores www.proyectolatin.org pero se podría hacer más con la ayuda del sector privado y estatal.

Hace unas semanas atrás me tocó organizar una mini conferencia en la que se discutió este dilema de la visión neoliberal en el campo de la educación  www.bccagora.org. El debate rondaba el tema de la neoliberalización de la educación en los Estados Unidos. Por ejemplo, uno de los temas que se proponían y discutían era el de que si bien las acciones o planes de trabajo y las metas de las instituciones no buscaban directamente adherir a un modelo privado en donde la productividad es un tema central, la ideología comúnmente propuesta por los rectorados (o como llamamos acá: la administración) parecieran adherir a esta ideología mercantilista. Un ejemplo claro de esto es el debate y experimentación con los llamados MOOCs (Massive Open Online Courses, por sus siglas en inglés) La crítica más clara planteaba que la idea de experimentar con estos artefactos educativo en los últimos años no se basa en la pregunta de si son o no eficientes a la hora de educar, sino cuanta productividad tienen. Es decir, la pregunta original no es como puede esto mejorar el proceso de aprendizaje sino a cuántos estudiantes se le puede ofrecer una clase con el mínimo uso de recursos, incluyendo dentro de estos al recurso humano, que es el profesor. Es decir, desde los parámetros del mercado.

Como ya he propuesto en otro momento la inflada sudo teoría hyper-MOOC, que proponía salvar a la educación en los comienzos del 2012 con masificación de clases, con el New York Times declarando el año del MOOC, marcó un punto de inflexión cuando el padre de Udacity tiró la toalla proponiendo en este artículo, la famosa frase “we have a lousy product” (en criollo: “tenemos un producto de cuarta”)

Pero la insistencia continúa porque hay mucho dinero invertido. Le agregaría a esto que en muchos casos este apoyo a los MOOCs desde sus puntos más abiertos, no vienen desde una propuesta objetiva sino desde una camaradería académica o económica a un clan bien definido que ha invertido mucho en estas ideas. Y el debate continúa pese al debacle de los MOOCs.

Es decir, la experimentación con MOOCs no es el problema sino el bagaje ideológico que se le impone al proyecto de investigación. Se busca encontrar una respuesta que se amolde a nuestra tesis en lugar de plantearnos cuales son las posibilidades.

Hay que volver a la idea de lo abierto. El mundo del software abierto, la educación abierta la filosófica de lo abierto. Así se creó el internet que generó beneficios enormes no solo a la economía mundial sino que creó la cultura y dinámica global moderna. Creo que la academia argentina tiene que proponerse este desafío y de ser necesario, el Estado debería subvencionar esta investigación. Exactamente como se plantearon los grandes proyectos norteamericanos y europeos de la historia, como el internet, el Lawrence Berkeley National Laboratory, el proyecto especial. Si queremos imitar al norte, quizás podríamos empezar por ahí.

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#bccagora

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A conversation about outsourcing education, higher education culture and adjunctivism.

more info: www.bccagora.org

Saturday, May 10th from 9:00 am to noon –
Berkeley City College, room 431 / 2050 Center Street, Berkeley, CA 94704

There have been numerous conversations in the last few decades about the neoliberalization of higher education and how colleges and university are increasingly being conceived as needing to adhere to the parameters of private sector business and market values. Even if the actions, paradigms and goals of educational leaders and institutions are not directed specifically towards the privatization of this area of public services; nevertheless, they manage educational institutions as if they were, or should be, run according to the models of private businesses. An example of this is the ever-increasing emphasis on productivity, budget constraints and the massification of education. In the case of this last development, illustrated by last year’s obsession with MOOCs, it is interesting to note that most of the conversations about MOOCs did not focus on the idea of open education but rather on using them in ways that could serve the greatest amount of students with the fewest resources. Furthermore, more and more corporations are directly or indirectly influencing curriculum, for example, through research and materials produced by textbook giants. Another example of this corporate influence can be found in the use of consultants to outsource critical operations of the educational institutions such as technology and assessment. At the same time, perhaps because of the focus on economic productivity, another phenomenon that has become predominant in the last two decades is the precarization of instruction in the form of adjunctivism. In this short conference/conversation we will discuss these issues and debate the possibilities and consequences of conceiving higher educational institutions that conform to the parameters of the private business model.

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